El penal tapado

PARIS, FRANCE - MARCH 26: Neymar Jr of Brazil celebrates his goal during the international friendly match between France and Brazil at Stade de France on March 26, 2015 in Saint-Denis near Paris, France. (Photo by Jean Catuffe/Getty Images)

El sábado fuimos a la disco con unos amigos; llegué con fe, piscolas en el cuerpo, listoco para meterle tres pasos de baile (usualmente es uno y medio, y ese medio es con esfuerzo), y si salía Juan Luis Guerra, dispuesto a la manito, vueltas y piruetas. Estábamos en llamas, queríamos pasarlo bien, ojalá un amor de la noche, darlo todo; aunque también como misión, volver con el celular a la casa; es que si de algo he sabido tener talento en la vida, es que se me pierdan las cosas: la cotona nunca llegó a mayo; el circuito eléctrico se me quedó en la micro; discos sagrados, como el Pulse de Pink Floyd, ¡el de la caja con la lucecita!; y celulares, hasta al hartazgo. Y no sólo cosas, también amores y mujeres que valían la pena. Y eso si que duele.

Esta vez no estaba Ricardo, mi amigo al que de niño se lo comió el tiburón de cachueros -es imposible olvidar como lloraba mientras se lo comía, fue épico-, pero estaba el Baca, el Laucha y Anderson, tres personajes memorables y de batalla.

El Baca es con ‘B’ larga porque su apellido es Ilabaca; buen tipo el man, de esos amigos que no te fallan, a los que querís y te hacen sentir un hombre malo cuando te evalúas en el espejo. Me acuerdo que un verano el hueón fue pobre todo enero, pero todo enero; caminaba y le salía DICOM, hasta el cobro revertido lo tenía bloqueado, e incluso llegó a pedir fiado un cigarrito suelto en el quiosco de la tía Ema. Sí, un capo. Pero de pronto, su hermano, que trabajaba en una agencia de publicidad, le regaló unas entradas para el ATP de Viña. ¡10 entradas! Y esa noche jugaba Fernando González, quien obvio que la cancha la llenaba. Nos fuimos a Viña, qué no. Agarramos al ‘dele-dele’ de los estacionamientos y le preguntamos en voz baja si conocía ‘revendedores’, ahí en la mafiosa, con adrenalina. Es que éramos 4, y si en la pasadita podíamos sacarle un brillo a la fortuna, había que intentarlo. Y se vendieron. Y el Baca pasó de no tener niuno, a 150 lucas en los bolsillos. ¡Lo que fue esa noche! Ahí el crespo se paseaba con un Jack Daniels, a lo campeón, fantasmeando vida de rico. Y se rajó con todos nosotros: a las 3 de la mañana era pobre de nuevo, pero curado como nunca, feliz y con mina.

El Laucha es otro sublime de la cancha, tiene mucho material, pero para no hacer demasiado extenso este relato, sólo les cuento que es un arquero violento, a lo Carlos Tejas, y en esa condición para una kermese del colegio, se hiperventiló y le ofreció combos al rector. ¡Al rector! Un viejo de mierda, pero ¡EL RECTOR! Es que el Laucha no tiene limites, de hecho, es de esas personas que necesitan reglas, así las quiebra y se va orientando. Pero esa vez no había como controlarlo, era un demonio. Siempre he creído que un hombre que no se ha ido nunca detenido no es digno de confianza, ¡pero a este se lo llevaron con 16!

Finalmente está el Anderson, mi hermano, quien asegura que una vez fue secuestrado por los ‘OVNIS’. ¡Y lo dice en serio! De hecho, para corroborar el mito, muestra una cicatriz random que de la nada le salió en la espalda. De ahí que anda místico, no al nivel de hacer yoga, pero se fuma su cosita y prende el incienso de vez en cuando. Sí, desde el ‘evento’ anda distinto, porque antes era el príncipe del accidente. Todo era un accidente, nunca su culpa. La mejor fue cuando le sacó piola el auto a una de nuestras hermanas: invitó a salir a una chiquilla, quedó postre y chocó a los carabineros. Maestro. Cuando le pregunté por cómo estaba la mina, de forma natural, me contestó: «¡Se enamoró!». Un enamoramiento extraño, porque nunca más la volvió a ver.

Tremendo equipo, los galácticos de la noche. ¡¿Cómo íbamos a fallar?! No tenemos calugas, tampoco somos paltones, pero de que risas sacamos, las sacamos.

Llegamos, pedimos ‘un precio’ y obvio que picamos huevo. Pagamos la entrada completita, y sin cover. La impopularidad plasmada en ese acto, mientras al lado un ‘surfer’ cuarentón picao a lolo de metro sesenta pasaba gratinga con el rating que dan las rastas y la pose de sensible natural. Obvio que escala, obvio que hace trekking, obvio que amigo del red set. ¡Putazo!

Entramos, fuimos al baño, nos miramos, y nos cagamos de la risa. -«¡Qué cuarteto más buen mozo!»- Lancé a modo de arenga y nos fuimos a la pista. El Baca andaba en racha, así que tenía que jugársela, y empezaron los ‘No’. De repente un poco más de testosterona, pero con el Laucha fue lo mismo. Al Anderson le dio lata intentarlo, y yo me hice el gil. Qué paja un ‘No, gracias’. Si hay un momento en que ser hombre es una mierda, es ese.

Derrotados, totalmente en la ‘B’, nos consolamos con la vieja excusa del ‘La música está como el hoyo’. Aunque eso era cierto, porque a esta altura de la vida, nadie te puede poner el compilado de Luis Miguel; te compro el Raffaella Carrá, pero que bosta mamarse al rey del botox. ‘De pronto flash…’ y me encuentro con el Nano. La noche que prometía ser una joya, definitivamente cagaba a pleno.

Estaba en segundo medio, torneo de los recreos, el torneo de futbolito que todo el colegio iba a mirar; era fútbol, también respeto. Nos tocaba contra el ‘C’, cuartos de final. Ellos siempre fueron mejores, tenían a los más pichangueros, pero nosotros teníamos con qué y había que dar la pelea. Y la dimos, empatamos a 3 y por poco no lo ganamos. Sonó el timbre y penales. Nadie se fue a la sala, todo el colegio se quedó a ver la definición. Era el gran momento, gran. Yo que iba de capitán, pasado a caca y queriendo ser el héroe, pedí el último. Y me tocó, y si lo hacía, ganábamos. Así de corta, así de importante, así de estelar.

Todavía me acuerdo la cantidad de gritos que hubo previo al tiro, luego el silencio. Me paré seguro de que lo hacía, la quería reventar en el ángulo, a lo Mati Fernández contra Argentina; pero al final entre el nervio, la ansiedad y mi puto destino, me salió un Pato Mardones furioso al medio del arco. En el fútbol eso funciona, en el futbolito, claro que no. Le quemó las manos al arquero, pero no entró. Nunca he olvidado ese momento, fue de mis penas más grandes, y puta madre que me sentí culpable. Finalmente lo perdimos, y tuve para ganarlo.

Y ahí estaba el arquero de ese día, el Nano, conversando con una colorina coqueta. Nos saludamos, lo habitual, palabras de buena crianza, fingir preocupación por el devenir de su vida y una que otra carcajada simulada. Cuando todo acababa, el hijo de puta me dice: «Todavía me duelen las manos». No le respondí nada. Qué idiota, ahora lo pienso y se me ocurren muchas cosas, pero nada, no le dije nada. Me fui nomas, con la rabia encima. Volví con los cabros a vender humo, igual pinchamos, pero en lo concreto, estábamos en la rama.

Al rato, el Nano ya no estaba con la colorina, de hecho estaba solo. Busqué a la pelirroja y se bailaba un Romeo Santos con 3 amigas. ‘Hay que ir’ pensé inmediatamente; agarré al dream team y partimos. No le di mayores vueltas, fui convencido; los muchachos también iban caminando seguros, es que nos tocaba. Llegué, me moví onda baile, la miré, me miró y antes de que le preguntara, ¡me dijo que NO! No me dio chance alguna, nada. Me cortó las piernas antes de la pretemporada, flor de leru-leru y aunque fabricado, nuevamente, me taparon un penal. .

Sin embargo, hubo un pequeño consuelo, de esos consuelos pencas, triunfos morales charchas, pero que igual llenan el alma: al rato fue el ‘surfer’ a sacar a la colorina, y maravillosamente, también le dijo que no. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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