El penal de Salas en Wembley

Van 76 minutos de juego y de a poco la presión alarga a un cuadro que hasta ahí ha sabido ser compacto. Desde el fondo sale un puntazo, este da rebote y surge un lateral. El Murci Rojas corre, se aviva y se la pasa al Candonga Carreño; el fajador no está para burocracia de tiki taka y de primera, girando, encuentra al Coto Sierra, quien, con el resto de aire que le queda, encara; el ’10’ trepa y no se hace problemas, observando que viene Salas presentando la diagonal y se la larga; sin demasiada convicción, Sierra ingresa al área a buscar el cabezazo, nunca ha sido lo suyo; Salas sabe que la mano no va con el centro, y se la come. Es que está bueno de tanto “toque, toque” que se escucha en los entrenamientos, ¡vamos, métale gambeta, sí usted sabe!

Salas se recuesta por el borde del área, lo presiona Campbell, que físicamente al lado del Matador se ve imponente, pero el chileno lo empieza a bailar; la zurda en el aire, la pelota allá abajo, mirada de Poker, Campbell que parece torpe, cada vez más torpe; el capitán de la Roja, de 23 años en el cuerpo, retrocede buscando el espacio… pero es una finta y de derecha vuelve, acelerando; el delantero parece caerse, no obstante, raudo, se apoya con la mano, tirando el barrio, y sigue, tratándola con cariño, pegadita en la que se supone es su pierna muda; Campbell está loco, ya no lo aguanta, no lo resiste, ¡y saca la patada! Ahora sí el matador cae: es penal. Extraordinaria jugada. El potrero le ganó al verso del biotipo, lo dejó en ridículo y el mismo Salas toma la pelota y la apoya en el punto del área.

Es 11 de febrero de 1998, la expectación que causa el equipo de don Nelson Acosta es brutal, se hizo presente durante todo el proceso eliminatorio, con el estadio Nacional reventando cada vez que se jugó. Y ahora también, porque, aunque sea verano y horario de playa u oficina, la atención está puesta en la tele: la Selección está jugando nada menos que en Wembley, el mítico Wembley. No es para nada algo trivial. El grito inmediato de ¡¡¡¡PENAAAAAL!!!!, se oye en casi todas las casas, para qué decir el coro de los bares.

En silencio, Juan Carlos aprieta el puño, quiere gritarlo, más que la cresta quiere girtarlo, pero hace un rato lo retaron; está en la pega, al frente de un Compac Presario, mintiéndose en el Excel, mientras desde unos audífonos negros de un walkman de pilas mascadas, el relator radial vibra y hace vibrar con las amagues del Matador.

Un rato atrás Juan Carlos no se contuvo, explotó con euforia, sabiendo que fue un golazo, descubriéndolo con imágenes propias, aunque aún no es tan bueno como realmente fue. Es que esa volea de Salas, esa volea… Todos recordaran esa volea, y el pase del Coto, ese pase sensacional que flotó elegante por la Catedral. Pero todo eso tiene que ser eterno, y para eso hay que ganar el partido. Así de injusta es casi siempre la historia, que usualmente recuerda solo las victorias. Eso lo sabe Mauricio, quien ve el encuentro con el Bruno, dos peloteros de álbumes y pelotas de plástico. Con los latidos acelerados, ambos esperan por la ejecución de la pena máxima. Mauricio está sentado en la alfombra, “Porque estando ahí Chile juega bien”, dice casi en serio, con el poto cuadrado, planchando la cábala. Bruno, en tanto, se come un Centella, aunque criminalmente está perdonando la parte verde, ¡la parte verde! Pero es que está en otra, consumido por el fútbol, desconcertado con lo que ocurre, más chileno que la chucha, qué quién sabe si eso es bueno o no, pero es algo, y se siente.

Salas se para tranquilo, mientras los nervios mueven de un lado a otro al Guatón Nelson, quien con trece años se siente ansioso y mira como su viejo se está tomando una chela. Él también quiere una. Está cagado el Guatón. Lo mismo la señora Beatriz, ella está al borde del colapso, pelando papas desde el living, recordando a su marido que murió hace poco por un cáncer, antes de cumplir su sueño de ir al mundial. Puta que quería ir el viejo Alfredo a ese mundial de Francia, sí hasta ahorro cuando nadie le tenía mucha fe al equipo. No se pudo, pero vio el 3-0 a Bolivia: le plantó, después de varios años de rutina sentimental, flor de beso con lengua a la señora Beatriz, y ella pagó por ver, le subió la apuesta y le mordió los labios. Y en un pequeño departamento de Antofagasta, Bárbara rebota la pelota, confiada, porque sabe lo que vale el crack de la Roja.

Van 78 minutos de juego, Chile lo ha hecho bien, como pocas veces en su historia ha sido valiente fuera de casa y quiere lograr un triunfo impropio para su registro. Salas lo sabe, y está feliz de tener la responsabilidad de mandar todo ese pasado acomplejado a la reconchadesumadre.

Todo es silencio en Inglaterra. Manos en la cintura, cuerpo ligeramente balanceado en la pierna derecha, en el semblante no hay dudas y la carrera lo confirma: pam, pam, pam, ¡pum!: interno seguro, usando toda la técnica de su zurda; la redonda abraza el costado lateral de la malla; y Salas sale festejando antes de que cruce la línea, porque lo sabe… y al unísono, en Chile se escucha: ¡¡¡¡¡GOOOOOOOOOOOL!!!!!

Juan Carlos no se aguanta, grita, y qué tanto, adentro tiene sangre; Mauricio se manda el brinco de su vida; Bruno tira a la chucha el centella, sacrificando criminalmente la parte verde; el Guatón Nelson se abraza con su viejo, y se toma el primer traguito de Chela, vendrían muchos más en su vida; a la señora Beatriz se le humedecen los ojos, y se toca los labios; y Bárbara se decide, a la mierda los prejuicios, ella quiere ser futbolista, en medio de bocinazos que no decoran el espacio.

Van 90 minutos y el Pelao Acosta comienza a gritar, ¡Profeeee! ¡Profeeee! ¡¡¡La horaaaa!!!, y hace gestos con los brazos, algo así como “se acabó”. Se acuerda de que está en Inglaterra, tiembla, y comienza a vender humo: ¡Di en! ¡Di en!, chamulla ingles con la voz gastada. Y Chile está a punto de ganar, y de no olvidarlo nunca más; ni la volea del Matador, ni el pase del Coto, ni el partidazo del equipo, ni el penal de Salas en Wembley, ni nuestros recuerdos. #BB #Dien

Acerca de Roberto Meléndez 413 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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