El patito feo

Columna enviada por el lector,

Diego Alonso Cáceres:

Sabíamos lo que se vendría desde que la anunciaron, sabíamos que desde el comienzo todo se orquestó para que ellos, los que mueven millones, se saquen la espina que tienen hace 23 años, 15 torneos y 6 finales.

Hasta ahora todo le ha funcionado a la perfección a la señora CONMEBOL (esa sucursal corrupta, infecta y podrida; digna de su cepa madre, la FIFA, que ha venido a empañar todo lo honesto y dulce del fútbol); tienen a quien quieren en la final, tienen a una Argentina que no ha tenido ni que despeinarse para APLASTAR a cada uno de los equipos que le pusieron al frente, los que parecían por cierto más preocupados de ver a Messi y su nueva barba o de pedirle la camiseta al final del partido que de realmente mover la pelotita. Tienen a todo el mundo con los ojos puestos en este Argentino de 1.69 m para que con un par de amagues en 90 minutos, quizás un gol, levante la Copa que tuvieron que inventarle, y triplique las ventas de las adizero f50, Gatorade, head & shoulders y cuanta basura que tenga la cara del nacido en Rosario puesta en ella.

Por si fuera poco, nosotros hicimos nuestro trabajo para aportarles la guinda a su espectacular y orquestado pastel; jugarán contra el último que les escupió el asado, el ultimo que les quitó a la mina en sus propias y grandes narices. Ese vecino molesto que los “vendió con las Malvinas”, ese que hasta hace poco no existía, pero que desde la ya lejana noche del 15 de octubre de 2008 se convirtió en un molesto mosquito que se las ha arreglado para amargarles más de una jornada y del que esperan librarse de un manotazo mañana.

Y porque así debe ser, porque los chicos deben ser chicos y los grandes deben ser grandes; porque el picotón que inmortalizó a Alexis no fue más que un desliz, un error, y la historia se tiene que encargar de poner a cada quien en su puesto.

Sin embargo, yo me niego a creer; me niego a creer que lo que viví la noche del 4 de julio en Marathon con Grecia haya sido un error. Me niego a creer que todo en el fútbol esté arreglado; que el niño que juega con la última pelota de Nike es más que los que patean una pelota de papel cubierta con cinta adhesiva en el recreo; Me niego a creer que las conversaciones eternas sobre fútbol con mi viejo, con mi tío, con mis amigos, carezcan de sentido. me niego a creer que el fútbol me dejará partir sin que mi club, algún día, me entregue lo mismo que me entregó esta selección, aunque hayan pasado 113 años y sean muchos los que se fueron con ese pedacito faltante.

Y es que nos gusta tanto el fútbol, nos mueve tanto como país que parece que, sin verbalizarlo, nos hemos dado cuenta que es el mejor retrato de la vida misma, y que en este retrato pudimos romperle el molde a los poderosos que nos miraron por arriba del hombro por un siglo, tal como muchos sueñan hacerlo, todos los días, estudiando o sacándose la cresta, trabajando para sus hijos.

Dicen que un rayo no cae 2 veces en el mismo lugar, tal como decían que España no podía perder ese partido en Maracaná.

Mañana es otra oportunidad de darle una bofetada al conducto regular, a la norma, a la máxima y a todos los hijos de puta que se benefician de ella. Aunque a muchos les duela, al menos en esta, el patito feo ya se transformó en cisne.

Diego Alonso Cáceres

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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