El paseo que cambió una vida

Marcus Willis, de 25 años, dejaría finalmente la habitación de la casa de sus padres. Al fin encontraba un trabajo rentado y podría terminar de sentirse una carga. Sentado en la que había sido su cama de siempre, observó las paredes; ahí quedaría un viejo poster del ex tenista Goran Ivanisevic, otro de la coqueta actriz Scarlett Johansson en la brillante película ‘Match Point’, también las múltiples medallas acumuladas durante toda su vida. Luego apretó ‘send’ y cerró el computador, al mismo tiempo que sus ojos, bien rápido, como si así doliera menos. El destino de su respuesta ya estaba en Filadelfia, Estados Unidos, donde afincaría una nueva vida. Al levantarse, miró las marcas de la puerta: estaban las rayas que lo vieron crecer, y bien a lo alto, una pequeña placa de Wimbledon, el torneo que le causo el desvelo de siempre, y que ahora definitivamente dormiría en lo que no fue: Marcus, tenista de triunfos separados y que en su mejor momento había llegado a bordear el lugar 300 del mundo, decía basta. Estaba cansado de perder, de no lograrlo. «A la mierda», sentenció y de un portazo salió raudo de la casa, escapando para no pensar en nada. Fue en esa misma caminata que todo cambió.

Willis, con 25 kilos más de lo necesario, paseaba sin más que hacer que gastar la tarde y obviar de cierto modo su sentencia. Le dolía, pero a la vez sentía un dejo de alivio. Nunca se sintió insignificante cuando competía por distintos clubes de Francia o Alemania, pero tampoco creyó que no daría el salto y esa tortura era mejor eliminarla cambiando el rumbo. Ya daba clases a los más jóvenes, pero desterrarse parecía ser el impulso para una reinvención sana. Fue justo en ese momento que hizo un contacto visual que sacudió su pecho. Lo más sorprendente de todo, es que acostumbrado a dar rebote del bueno, esta vez la señorita le respondió una sonrisa sincera. Marcus, a quien ya mucho tiempo no le quedaba, la abordó con la confianza que da el no tener nada que perder. Se llevaron bien de entrada. Su nombre era Jenniffer, trabajaba como dentista, contaba con dos hijos y tenía los conceptos de la vida bastante claros. Marcus si bien se intimidó, no pudo escapar a la atracción de una persona segura. Le contó que era tenista. La mujer se cagó de la risa en su cara. Claro, nunca una línea suya en ningún periódico y ella los leía. Willis se apresuró en confesarle que no conocía a Roger Federer. Otra carcajada; ya estaba hecho. Tomaron el mismo taxi, pero le advirtió que se marcharía pronto; Jenniffer se lo negó. Salieron esa misma noche y lo convenció con algo más que una buena retorica. La noche, los besos y una mirada intensa.

Marcus se puso en campaña, bajó esos 25 kilos -a punta de gimnasio y de otros ejercicios más entretenidos- y en el empeño de darse una última oportunidad, además de la exquisita excusa de seguir cerca de esa muchacha madura que lo aterrizó nuevamente en el camino de sus anhelos más profundos, volvió a competir.

Su posición en el ranking, por allá en los ‘700’, no le permitían más que ir de a poco. Sin embargo, había una posibilidad para entrar a la ‘qually’ de Wimbledon. Sí, algo ridículo. Pero se le dio. Un tenista británico no pudo salir de Turquía y entró al cuadro de jugadores locales para acceder a la clasificación del torneo más importante del mundo. Llegó con las ganas de no hacer un papelón, pero liviano y sabiendo que estuvo en la nada, lo dio todo. Ganó sus 3 partidos. Y ya en la clasificación, también ganó otros 3 partidos. Lo había hecho. Lloró con el alma. Y llegó a la casa de sus padres con la cabeza levantada, como siempre quiso.

Ya en Wimbledon todo estaba pagado, pero en el court 17, con su familia, amigos -la banda de siempre- y la novia, le ganó en tres sets a un top 100. Increíble. En el año, su único cheque era de 300 euros, ahora se embolsaba 60 mil euros y un premio mayor: jugar en el Court Central, la catedral misma del deporte que ama, contra Roger Federer. Para no dormir y hacer una película.

Federer, que es tan grande, lo saludó con afecto y parecía incluso más emocionado que el propio Marcus por el partido. «Estas son las historias que importan», dijo. Y lo dejó salir primero, para que disfrutase en rol protagónico el momento. Inolvidable.

En la pista, el suizo no tuvo contemplaciones y lo jugó con todo, como el mejor regalo que podía darle. Fue en tres sets, Willis le ganó 7 juegos, pero eso ya no era tan importante.
Ahora todo queda en manos de Marcus Willis. Conoció a Roger Federer, dependerá de él si esto es sólo una bonita anécdota. Él asegura que quiere lucharla. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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