El orgullo de Rooney

Minuto 89. Manchester United vence por 2-0 al Ajax y está próximo a titularse campeón de la Europe League; un torneo menor de acuerdo al tonelaje de sus vitrinas, pero justamente el único título del que carecen. Falta apenas un minuto y descuentos para el final del encuentro. Es en ese momento, cuando ya solo resta que los segundos pasen, que Mourinho dispone del ingreso de Wayne Rooney.

El atacante inglés luce más serio de lo habitual, aunque traga saliva e intenta no externalizar sus emociones, y se planta erguido afuera del campo, nunca renunciando a su orgullo de choro innato. Sabe que seguramente sus mejores años en los Diablos Rojos están próximos a expirar; tal vez sea esto lo último del capitán y máximo goleador histórico del tradicional conjunto británico. Aún le queda esa cara de chico malo, de garbo rebelde, casi altanero. Cuando irrumpió en Everton se hablaba de que era pendenciero, insolente y borracho. Y lo era; a paso indiferente y escupitajo al suelo, y puños cerrados junto al frío urbano de la isla. Pero jugaba al fútbol con un deseo desbordante, se trataba de un goleador de verdad. No tardó demasiado en cambiar las críticas por admiración. Qué fácil es catalogar al contracorriente cuando se es masa, y Rooney, un chico privado de todo, solo expresaba rabia. Los goles atrajeron fama, millones y palmaditas en la espalda. Sin embargo, el mareo nunca llegó, por más alcohol que ha bebido; al contrario, su disposición por mejorar y ser útil al equipo complementaron a la bestia que adentro habitaba para desequilibrar en la cancha. No sucumbió al divismo que se ganó con los años.

Ingresó y el ecuatoriano Valencia, sin dudarlo, le pasó la jineta. Inmediatamente corrió, corrió como si algo importante fuese a pasar…quizás, quizás lo único importante era jugar. Marcó como un volante, indicó movimientos y se barrió para recuperar un balón en el minuto 92. Eso es orgullo. Sería la única vez que tocó el balón.

Finalizó el encuentro, soltó una pequeña sonrisa y como capitán le tocó levantar la Copa. No esperó ser enfocado, ni nada de eso, detrás de todos lo hizo, sabiendo que aún siendo quien es, su rol ya no es protagónico. Luego, solitario, caminó hacia la hinchada y se despidió en silencio. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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