El mensaje de Alexis

El celular desde el día martes se había vuelto un infierno; las llamadas y mensajes venían desde Inglaterra, siempre bajo el autoritario tenor de quien paga y con un mensaje invariable: no juegues. La estrella del Arsenal simplemente observaba, ni siquiera leía, pues no quiso darle mayor interpretación, era innecesario. Desde el primer momento en que sintió el pinchazo en la practica comprendió que a Colombia no viajaría. Pero así como estaba seguro de eso, también lo estaba de que siete días más tarde sí debía ponerse la Roja, o al menos intentarlo. Los mensajes seguían llegando.

Alexis Sánchez mastica el fútbol con espíritu de cabrochico, de esa forma traga aire y avanza. La comprensión de la realidad va atada al destino del balón, y en su caso, también de sus gambetas. En ese sorteo encara su camino, transpirando sueños; sueños que no comienzan ni acaban, viven. Claro que no por viajar a través de la espalda de la infancia juega sin deudas. Para Alexis la droga del juego es diversión, pero por cierto compromiso. El talento así como abunda natural, mantiene la obvia dispersión de la pichanga, la cuna de su todo. La combinación es poderosa pero inestable. Ha trabajado duro para alcanzar el equilibrio y de esa forma ampliar las inmensas expectativas que él mismo se impone. Se despierta bajo ese deseo, que es carga, más allá de que al final del día se cague de la risa de la nada, quizás acordándose del gato Juanito de Cachureos o leyendo los comentarios de las calcetineras luego de subir una foto modo metro sexual a su cuenta de Instagram. ¡Malditos mensajes venidos desde el otro lado del charco que lo hacían sentir culpable y no podía meterse a Instagram! Pero ya estaba decidido, jugaría.

Además estaba lleno de pica, lleno de rabia; ese combustible incendia de actitud. La urgencia de regalarse un gran partido por su selección, tras tantas críticas alojadas en la exasperante nueva cultura del eterno pase. Por supuesto que en ocasiones la puteada se la gana, pero en otras simplemente abunda la incomprensión: el destino de un crack es quebrar por sí mismo la tendencia, rebelarse al continuismo diplomático de la posesión. A veces sale, otras no; Alexis lo busca, esa es la eterna diferencia entre él y muchos que simplemente comentan y tienen más horas de Play Station que de cancha. Y no sólo dar una bofetada a sus críticos, también darse un gusto inmenso: ganarle a Uruguay con él como protagonista. Imborrable quedó esa declaración una vez acabado el juego en Copa América, cuando bien crítico confesó que en el camarín le preguntaban en buen chileno «¡¿Qué te pasa, culiao?! Más las patadas recibidas y el espectáculo de declaraciones que tuvo prensa y jugadores uruguayos sobre el de Tocopilla, tildándolo de ‘blandito’, ‘muchachito’ y ‘cagón’. Era imposible restarse. Sí, el fútbol es un juego y Alexis lo pregona con el sello de la diversión, pero también es un espacio intenso que externaliza sentimientos, y la revancha es acaso el más concreto de los sentimientos.

No se puede explicar el partido de ayer sin Alexis Sánchez. O mejor dicho, sin Alexis Sánchez el encuentro de ayer no se ganaba. Por supuesto que desatender la figura colectiva del fútbol es un atrevimiento contranatural a la esencia misma del juego, sin embargo, tampoco se puede desconocer el impacto individual que hay sobre el mismo. Anoche fue uno de esos partidos en que un jugador rescató a su equipo no desde el resultado, como en muchas ocasiones puede suceder con un pase fuera de órbita, una tapada ridícula, el mano a mano de un defensa, o un gol en un momento determinante; Alexis recuperó desde su insistencia el desarrollo del encuentro. Eso dimensiona su actuación a un nivel diferente. Además el rival no era cualquiera, y la circunstancia era peluda, porque la Celeste dominaba el marcador, el tramite y ahogaba de nervios al país, al equipo, e incluso a la calculadora.

Chile comenzó tibio, a un ritmo tardío de recuperación, sin abarcar adecuadamente los espacios del campo. El desequilibrio posicional era evidente. Los dos centrales no conseguían mantener a raya ni a Suárez ni a Cavani, retrasando la posición de Díaz y quedando un mediocampo abierto y desorganizado. Tabárez, el técnico uruguayo, además ejerció presión en las bandas, manteniendo a raya y fuera de apoyo a los laterales chilenos. Vidal no estaba en su mejor condición y Hernández carecía de la interpretación correcta de su ubicación. Todo eso sumó nervios, desconcierto y Chile quedaba abajo en la cuenta rápidamente. La selección vivía una jornada oscura, y justo en un duelo decisivo.

Pero apareció Alexis. El delantero de Arsenal se desligó de su rol de puntero izquierdo, se retrasó unos metros y comenzó a conducir el balón, a realizar cambios de frente, a encarar a Rusia. Desde su voluntad aparecieron las primeras chispas de contagio y un mediano emparejamiento en las acciones. Y fue bajo su cambio de ritmo que llegó el primer gol. Increíblemente, cuando el primer tiempo expiraba, Chile hilvana una contra y pilla en retroceso a toda la Celeste, lo que indica la circunstancia del juego hasta ahí. Vidal largó a Alexis que estaba en banda por el medio de la cancha y desde ahí maniató el balón a su bota, fue para adelante, aceleró y cedió un pase ofensivo a Beausejour -un pase al espacio, no al pie-; el moreno estuvo impecable y sacó un centro perfecto a la carrera; la defensa uruguaya venía en carrera para atrás y no alcanzó a frenarse; fue ahí que apareció Vargas -quien otro-, e intuitivo se posicionó preciso y de cabeza puso el empate. Clave.

Con el empate y el entretiempo, la Roja pudo recomponer las líneas, mejorando ostensiblemente en el segundo tiempo. La salida de Vidal provocó inquietud, pero el ingreso de Valencia fue más que correcto. Todo Chile había subido su nivel, aunque tampoco era el Milán de Arrigo Sacchi, no exageremos. Aun así, estaba Alexis, y desde el momento en que determinó que jugaría, él sabía que debía ser su jornada. Y la encontró en su estilo. Primero con un autopase genial, dejando pasar el balón entre sus piernas tras un lateral; su marcador quedó atrapado en el pasto y luego la agarró de lleno para batir a Muslera. Fue todo eléctrico, rápido y generó la grieta. Con el 2-1 vino lo mejor de Chile, renovando la personalidad y sacando chapa. Uruguay fue en busca del empate, pero Bravo y la defensa respondieron. El bicampeón ya no podía dar más regalos. Sí Alexis, quien se quedó arriba, ya en posición de 9. Y de esa manera encontró un balonazo precioso de Marcelo Díaz; controló como galán confiado, aguantó los manotazos, se fue en busca del arco y definió de zurda como crack de potrero antiguo al lado del palo. Golazo para siempre. 3-1. Se retiraría de la cancha ovacionado, con sus rivales mirándole la espalda, esa infantil que vive sueños. Sobre el final, Bravo taparía un penal a Suárez, para hacer la noche más dulce. Aunque por el protagonista, sería una noche de maravilla. Ya en el camarín contestaría los mensajes, con los 3 puntos y el mundial más cerca. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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