El Matador en el Centenario

Poco antes de iniciar el encuentro, al borde de una cancha de la que solo se recuerdan derrotas, el paramédico chileno lo arenga:
-¡A hacer historia, Marcelo!
Marcelo lo mira breve y contesta:
-Para eso vine.

Marcelo ya no es el incuestionable que alguna vez fue. Por más que porte la cinta de capitán y lleve el mismo número con el que se consolidó como ídolo popular con sus goles camino a Francia ’98. El Matador, así bautizado en el fútbol por su exquisita sangre fría a la hora de definir frente al arco rival, ha vivido una carrera precoz; haciéndose referente de Universidad de Chile a los 18 años; conquistando Argentina y América con apenas 22; instalándose en la discusión de los mejores clavando estocadas en la gran época del Calcio; sucumbiendo a esa puta lesión en Juventus que lo frenó en seco, cuando todo iba para arriba; regresando de ella más lento y con desgarros, aunque nunca renunciando a su clase. Porque al Matador podrá faltarle esa aceleración que devino en portadas planetarias, pero capacidad con la pelota le sobra, e inteligencia sin ella también, y el instinto, él lo sabe, sigue intacto.

Chile está cayendo 1-0 frente a la Celeste en el Centenario. Un inicio dubitativo le mostró dos de prueba a Luis Suárez. Cuando el fondo finalmente se calmó, una engolosinada de Vidal por el medio le dio una tercera chance a Lucho: le rompió el arco a Bravo. Parecen ser tres puntos dominados por historia, por carácter, casi que culturales.

Es el tercer partido por los puntos de Bielsa con la Selección. Con la llegada del técnico rosarino la ilusión en la Roja ha vuelto a encenderse. E incluso lo destacan los mismos jugadores: el entrenamiento cambió y el hambre también. Sin embargo el método no está ajustado y si bien el equipo perfila un nuevo atrevimiento, los baches son claros. Chile no pasa mayores zozobras durante el segundo tiempo, pero tampoco es capaz de generar peligro. Los murmullos detrás de la televisión apuntan al Matador. Y es que dentro de los aires renovados, algunos piensan que el zurdo ya está viejo y gordo, y que estos trotes ya no los domina. Bielsa, al mismo tiempo, conversa con el mediapunta, Luis Jiménez. El Matador mira la escena entre Bielsa y Jiménez. Sabe que probablemente será el sacrificado. Nada hasta ahora ha sido como lo pensó.

Pese a que solo tiene 32 años, comprende que su cuerpo no llegará al mundial. Y no es que no le duela, al contrario, literalmente le duele todo. No obstante, está su compromiso con la camiseta, con el proyecto del profe al que le da una mano mientras pueda, y que aún es un jugador de fútbol. Y uno con un destino especial.

Años ya han pasado desde su debut con la Selección chilena: a lo grande, tan solo demoró un par de minutos, con Ruggeri mirándole la espalda, en mojar malla Argentina. Y regalando mucho tiempo fuera, hoy es el goleador con 35 tantos. Y en cada club ha sabido convertirse en talismán, campeón y artillero de los importantes: el primer gol; el gol en el clásico; el golazo inolvidable.

Justo cuando todos creían que su presente en el duelo acabaría, Chile sale de contra rápido desde el fondo con Riffo, Droguett y centro desde la izquierda de Carlos Villanueva. La secuencia, veloz e inesperada, tuvo la lectura del crack quien, entre los gigantes Lugano y Godín, se coló como un rayo intuitivo y conectó un cabezazo valiente y de ojos abiertos al borde del área chica: ¡Apareció el Matador! ¡Golazo! ¡De goleador! 1-1 y Jiménez vuelve al banco.
La Selección crece en confianza y es Matías Fernández el que conduce el ataque; y va, y va, y va, y se mete al área, siente el roce, cae, ¡PENAL!

Lo pide Vidal, lo pide Suazo, pero es el Matador quien agarra el balón. Y se planta firme, sin expresiones en su rostro, cara a cara con Carini. El Centenario abuchea, pero Marcelo intuye su destino y está tranquilo. No hay asomo de nervios, al contrario, se posa con las manos en las caderas, canchero, y la mirada al suelo, jugando al misterio. Y una vez emprende la carrera… el resto es el Matador gritando el gol. Tenía que ser él. Tenía que ser en el mítico Centenario. Sacó el amor propio y sacó el crédito de su destino.

Bielsa llama a Marcelo y le pide que sigan presionando. El Matador asiente y por un ratito no le duele nada.
Finalmente el partido lo empataría Abreu a nueve del final. No alcanzó para ganar, pero hasta hoy es el único punto rescatado de esa cancha. Y fue con dos goles de Marcelo Salas. Sus últimos dos goles jugando por Chile. Hace diez años. “Para eso vine”, había dicho. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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