El master

Quiso paz, despertar sin dar explicaciones, tomarse una piscola, el silencio, una tele gigante para él, con partidos de fútbol y de espaldas a la playa. Un capo. Salir al balcón, fumarse un pucho sin sentirse satánico por eso y comer con sal. Lo de comer con sal nuestro héroe en realidad no puede hacerlo, ya está mayor y tiene que cuidarse, pero por dentro está pensando en un pedazo de carne con harta sal, de la gruesa. A veces se le ve caminar por la costanera, lento y tampoco mucho, pero se le ve; aunque más se le distingue sentado, leyendo el suplemento deportivo, claro que cuando pasa alguna señorita, como buen caballero, miente y pasa al Artes y Letras. Un sabio. También el crucigrama, por más que suela no resolverlos, y para qué, si el tiempo no es que sobre habiendo tanto evento deportivo. La Formula 1, la NBA y el tenis, sagrado; por supuesto, la pelota manda y el registro es claro luciendo una foto en blanco y negro junto a Pelé en pleno comedor, también una camiseta NO original del Real Madrid firmada y dedicada para él por parte de Pellegrini, y una bufanda de su gran karma, la Católica.

Aburrido ya de tanta queja, del smog y al comprender que buena parte de su vida ya estaba hecha, tomó la decisión. Sus días como empresario de buen pasar ya habían acabado y para quien vivió más del ‘cash’, eso de los ahorros siempre fue lejano y poco estimulante, así que la condena de una mala jubilación le llegó sin gambeta. Pero tampoco da para llorar, porque lo pasó bien, se enamoró, se desenamoró, tiró harto hijo al mundo y los evangelizó a todos en el amor por el fútbol, niños y niñas, todos los cabros chicos. La pichanga el juego, siempre así, basta ver la televisión prendida y que casi siempre tiene tono verde. Y en esa tendencia que lo hizo incluso tejer locas estrategias para cubrir el campo a puro cuento en el mundial del 62, desarrolló su destino, con mañas, cagadas y más mañas; pero también aciertos, como el esquivo pero honesto cariño masculino, la música de los Platters, esos consejos llenos de intención pero varonilmente mal expresados y, por sobre todo, la casa en la playa. Visionario, la tuvo clara y apenas sintió el ahogo, se fue nadando.

Su señora, y se dice con brutal respeto, igual lo hueviaba, hay que admitirlo, y a él de romántico ya no le quedaba ni pa’ la Copa Gato; y ya con 68 años que te estén mandando a cambiar las ampolletas o arreglar la cadena del baño, al menos merece de un cuestionamiento. ¡Además le estaban cambiando la tele en los partidos importantes! Y para colmo, la dieta se puso estricta y le empezaron a contar las piscolas. Se miró al espejo, se puso la 9 y encaró con la decisión de Batistuta: tomó un par de prendas y manejando con unas zapatillas de trote más un jockey, se mandó a cambiar. Ahí terminaría de surgir como leyenda.

Hoy despierta, a la hora que sea, respira aire puro, siente la brisa del mar y lleva a dedo a más de una chiquilla, ¡Maestro! También camina por el barrio y todos lo conocen, desde el cajero del teletrak hasta la verdulera que ya no le fía. Y por cierto, se toma unas piscolas, ve fútbol a placer y renuncia a todo en medio de sus pensamientos; esos que van para atrás y tienen plena conciencia de lo que fue ‘Tito’ Fouillioux, ‘Chamaco’ y Leonel. Cuando lo van a ver se pone un poco gruñón, pero al rato se le pasa y se encariña de su gente nuevamente; por cierto sufre si son tantos días, tampoco que se pasen. Un master a toda regla, exigiendo su espacio místico.

Al llegar su señora, como suele suceder, el poder de la casa cambia de lado de la cama; pero no el control de la tele, eso ya es derecho adquirido, como el no tener que pedir permiso por tomarse un traguito o para quedarse callado y que nadie lo joda. Es que es ‘El Master’, un asceta del fútbol. Sus hijos lo bancan, su señora igual, más ahora que ella en Santiago, finalmente, se liberó de ESPN. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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