El inicio de un idioma rebelde

AFP PHOTO/Dave Sandford/Getty

Acabado el partido, el periodista manifiesta a Mauricio Isla, héroe de la jornada, que ya eran parte de la historia. Isla, sin detenerse, contesta rápido: «Para nosotros la historia comienza cuando tengamos la Copa en nuestras manos». Osado, imprudente. La declaración, nueva dentro del discurso público, acicateaba la vanidad reprimida. Valía tanto como el desenlace reciente. Sí, la clasificación a una semifinal aturdía de bocinazos un país de triunfos discontinuos, breves, pero las palabras del joven de 19 años remecían la textura del discurso. En la cancha el resultado avivaba el optimismo; el lenguaje, por su parte, incipiente y desafiante, confirmaba una nueva actitud.

Unos días antes la selección adulta de Chile se iba goleada y con el papelón de la indisciplina a cuestas de la Copa América de Venezuela. Mientras la adulta se fue de festejo por acceder a cuartos de final en un torneo de 12 equipos, la Sub20 dirigida por José Sulantay ya estaba entre las cuatro mejores del mundial de la categoría y quería más. Fue inevitable la comparación. Los años determinarían que no fue un paralelismo odioso. La hinchada vio en ese grupo de muchachos un sello competitivo distinto, un rechazo a la herencia. Sorprendían a todos, incluso a Sulantay, quien días antes, por inercia de la costumbre, ya se había dado por satisfecho al estar entre los 8 mejores. No así sus jugadores. Lo más llamativo es que la declaración venía de Isla, un tipo bajo perfil, descontaminado de cualquier prepotencia urbana, demostrando la sinceridad del guion.

Ese 15 de julio de 2007, en Montreal, Canadá, la denominada «Rojita», volvía a encantar y enganchar al pueblo pelotero con la selección. Daba lo mismo que fuese un combinado juvenil, quizás eso lo hacía todavía más estimulante.

Fueron 120 minutos con todas las emociones. Era tanta la necesidad de creer, tanta la expectativa, que pocos quedaron indiferentes. Chile los primeros 90 minutos, la verdad sea dicha, ni pateó al arco. Nigeria dominó y arrinconó a un equipo que no conseguía urdir el juego. El rival africano, a pesar de ese dominio, tampoco es que se haya llenado de opciones. La consistencia de esa selección estaba en el fondo, con una línea de 3 (Suárez, Martínez, Larrondo) concentradita, fiera por abajo y por arriba. Además el portero Toselli jugaba el campeonato de su vida. Al medio Medel mordía, pero no conseguía calmar el balón. A su lado estaba Isla, que aparecía apagando incendios. Currimilla a la derecha, con el overol. Carmona en la izquierda, pateando todo. Vidangossy y Alexis para la salida, claro que este último, la perla del equipo, sólo duró 45 minutos por una lesión en el hombro que no lo dejó tranquilo en todo el torneo. Arriba el Nico Medina, haciendo el desgaste de ser la única punta. Arturo Vidal estaba suspendido.

La selección aguantó esos 90, pero el oponente se mostraba físicamente imponente, parecía ser cosa de minutos. Sin embargo, Sulantay, más allá de presentar un sistema de juego no muy distinto al de toda la vida, sí presentó una novedad en cuanto a las características: escogió por talento pero también por capacidad física. «Sin físico, no se compite con los buenos», fue un lema implícito que por años, en nuestro retraso de discusión conceptual, estuvo en el baúl.

A los 95 minutos Grondona -quien ingresó por Alexis- de cabeza, solo frente al arco, decretaba el 1-0. Una bofetada a la rutina de lo obvio. Chile tenía piernas y apuñalaba. El grito de gol dejó sin aliento a muchos. De ahí en más, Nigeria se fue arriba con todo, pero sin orden. Fue así como un contragolpe armado entre Isla y Vidangossy, terminó con falta penal sobre este último a los 112. Isla, que ya estaba de volante ofensivo y se había puesto el equipo al hombro, lo pateó cruzado y sin dudas. 114 minutos y Chile estaba 2-0. Era maravilloso. Pero faltaba más. Otra contra y esta vez Isla no tocó con nadie: se fue, se fue, se fue y golazo. 3-0. Ya era festejo en todos lados. Al final, para la guinda de la torta, un Vidangossy acalambrado, puso un 4-0 imborrable. Todos sabemos donde estábamos ese día, porque fue un día bonito, una sensación que nos debíamos y un grupo de pendejos nos la daba.

Seguían siendo muchachos. La presión fue brutal, todo el país observando y terminó liquidando el tramite ante Argentina, el demonio acostumbrado. Chile finalmente fue tercero de ese mundial tras ganarle a Austria 1-0. No levantaron la Copa, pero era el comienzo de un carácter nuevo, de un idioma rebelde.

No todos esos jugadores llegaron, otros se sumaron y nuevas joyas aparecieron, pero fue bajo ese discurso que todo, con el tiempo, comenzó a mutar y transformarse. Fue esa actitud y no otra cosa lo que llamó la atención de Bielsa, y con ello un inicio de realidad. Sí, es fútbol y cancha, pero también lenguaje. Lo que vino se sabe y conoce, y sigue siendo, y se sigue construyendo. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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