El holandés que no es ejemplo para los niños; una historia tragicómica

Querido lector, si usted es una persona de moral estricta y rígidos valores, no se esfuerce por entender ni discutir lo que viene a continuación, seguro tendrá cosas más elevadas por hacer que gastarse unos minutos en esta frivolidad. Por el contrario, si usted es una persona licenciosa o quizás viaja por eso que Kundera llamó “la insoportable levedad del ser”, póngase cómodo. Acá vamos.

Yuri van Gelder llegó a Río de Janeiro para participar de sus primeros Juegos Olímpicos. Con 33 años, el gimnasta holandés finalmente conseguía darle cauce al gran motivo de su vida. Parecía tener los ingredientes necesarios para la más sublime de las notas, el material perfecto para que Fernando Solabarrieta raspara la cebolla, la historia precisa para transformarse en emotiva tendencia de las redes sociales, la salsa justa para aparecer en un matinal. Yuri, campeón del mundo de anillas en el año 2005, conseguía darle la vuelta al destino tras años sombríos en que sucumbió en las cadenas de las drogas. El polvo blanco de la cocaína había minado una carrera exitosa, pero supo redimirse, encausarse, no bajar los brazos y volver al gimnasio para hacer lo que mejor sabía. Yuri había sido perseverante, fue capaz de salir del infierno. El elogio lo tenía bien ganado.

Se preparó a conciencia, la sudó como nunca; 5 de la mañana en pie y a entrenarse a diario. Se privó de la Nutella, los churrascos y la juerga. Porque claro, Yuri dejó la droga dura pero no los indispensables placeres que el periplo de la existencia entrega a los mortales corrientes. Sin embargo, más allá de las ganas de pegarse una escapadita, aguantó estoico y trabajó duro para dar pelea de la mejor manera en la máxima cita deportiva del planeta. Arribó a Brasil lleno de expectativa, viviendo un sueño.

El sábado recién pasado fue su turno; se presentó tratando de contener la euforia y dio el máximo que tenía. Grandes expectativas en él no habían, con 33 años -un veterano para la disciplina- lo suyo parecía estar relegado a la satisfacción de estar presente. Pero compitió con todo, clasificándose en el quinto lugar para la final de anillas. Lograba algo increíble.

Pero al bueno de Yuri, tras la alegría, le vino el relajo y las ganas de celebrar. Los abrazos y los innumerables mensajes de felicitaciones, definitivamente no eran suficientes. Además, ya con varios días en la villa olímpica, las hormonas ya estaban bien revueltas. Y las brasileñas son buenas mozas, eso es incuestionable. Nuestro héroe quería distenderse, tomarse un traguito, ojalá una cachita. Ya no lo aguantaba, se sentía al limite, indefenso, sin escrúpulos, tan débilmente humano. Y cuando pica el bicho, pica: Yuri se nos fue de mambo.

Urdió el plan, puso un par de almohadas debajo de las sabanas de la cama y al trote de ladrón pilló un taxi. El mensaje al conductor lo redujo en una palabra: “Party”.

A las 1 de la noche, nuestro Yuri era el líder del trencito. Obviamente las hizo de galán, meneó las caderas, se bailó un Romeo Santos y prometió amor eterno. Se manejaba. Indiscutiblemente era el rey de la noche. Se sentía tan-pero-tan bien que incluso invitó una ronda a todo el bar, total, era finalista olímpico y había que celebrar a lo grande. Eran las 4 de la mañana y Yuri, sin polera, no tenía para cuándo frenar.

Regresó a salvo, mas no sano. El hipo lo delató. También el olor. Y una caída sin elegancia subiendo la escalera. Hizo el “4” para demostrar que estaba todo bien. Finalmente se ancló y se acostó. No soñó nada, cayó en “coma”. Al día siguiente, tras el papelón, fue expulsado de la delegación y retirado de los Juegos Olímpicos. La federación lo lamentó muchísimo pero no era el ejemplo que ellos querían dar, menos a los niños de su país.

Yuri se fue en silencio, dolido, avergonzado. Los comentaristas habituales de EMOL se hicieron un festín con “tan deplorable ser humano”. Pero al final del día, la verdad es que juzgarlo sería un ejercicio de sadismo, porque el único perjudicado fue él, en los que eran sus Juegos Olímpicos. Por lo demás, el que esté libre de pecado…
Yuri van Gelder sucumbió a sus tentaciones, sufrió de su propio boicot; quizás no es el ser humano más olímpico, pero no es un ser humano tan diferente. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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