El guatón Nelson vuelve a las canchas

El guatón Nelson, a pesar de la coraza indiferente con la que se presenta ante la vida, es un tipo romántico. Sí, es cierto que desde hace algunos años vive a partir del desengaño, recelando de la felicidad ajena, desconfiando de la honestidad del futuro, vigilando los excesos de buen rollo, abrazando el odio como causa de sonrisa. Se sabe, él no era de esa manera, pero la perdida de su único amor juvenil redefinió su actitud frente al día a día. Y la sigue extrañando, aunque el martes pasado con malicia me contó que vio una foto de ella y la encontró “media echaita a perder”. Se quiere hacer el duro el guatón, pero al menos el discurso ya viene con menos baba.

Hace poco más de dos años, durante una álgida reunión de trabajo, el guatón Nelson refutaba delante de todos a su jefe en una sola palabra: “¡¡Andatealachuchaconchatumadre!!”. Se vivían tiempos de estrés en la oficina y el empleado Nelson Pacheco explotaba y relucía de esa manera la angustia del ambiente y el laberinto de una crisis económica internacional. Al día siguiente, sin mayor ceremonia, nuestro héroe era despedido. Nelson, un ciudadano sin grandes ahorros, más bien sumamente endeudado y adicto al hueveo, se quedaba sin una fuente de ingresos regular. “A la casa de mis viejos no vuelvo nicagando”, señaló a viva voz esa misma noche tras varias cervezas antidolor. Dos semanas después, el guatón Nelson volvía a la misma pieza de toda su vida.

La mamá del guatón Nelson, la señora Irma, estaba encantada de tener nuevamente a su retoño en casa, como si aquello fuese un preciado paréntesis dentro de párrafos lánguidos y rutinarios. Nelson padre, por el contrario, no concebía que su único hijo a la primera de cambio regresara al nido. “Eris muy penca, hueón”, fueron las tiernas palabras que lo recogieron a la entrada de la puerta. Aún así, ambos compartían dos sentimientos inalienables a su personalidad: la chela y el fútbol. Y justo tocó, durante esa época, el mundial de Brasil: caleta de chela, caleta de fútbol. Y Chile en cancha.
Nelson padre es un lirico, un nostálgico del “buen juego”; no así el hijo, que es pragmático, no se derrite por el verso y su discusión empieza y acaba con el resultado. Sin onda, con sensación intrusa, el guatón miraba el mundial a tres metros de su progenitor. “¿Y estai buscando pega?”, preguntaba con ánimo inquisitivo el señor Pacheco diariamente. “Sí”, mentía en modo minimalista el pobre gordo, mientras por dentro reflexionaba con sabiduría “¿Cómo chucha voy a buscar pega durante el mundial?”. “Deja al niño tranquilo”, lo defendía su madre.

Los días mantenían la rutina: partidos, cervezas y silencios. Hasta que hubo un encuentro que lo cambio todo: Nigeria-Irán. El agravio visual durante el juego mutó el contexto, y un cero a cero ignominioso, destartalado, lampiño, mantequilla sin sal, unió las chuchadas. Al fin, padre e hijo, se entendían. Terminaron de ver el suplicio, y con el alma agotada, se fueron a un bar a terminar una conversación que jamás había empezado. Buscaron un buen sucucho, uno sin velitas amariconadas, con los sanguches de siempre, sin gourmet siútico. Después de tres horas, veinte salud y pésimos consejos mutuos, la distancia entre ellos se había disipado. Por supuesto se conversó de fútbol, repasando el triunfo de Chile en el Maracaná frente a España, describiendo el espacio de tiempo entre Vargas y el grito de gol, y de ese himno acojonante que movió el planeta. Y claro, también se habló de más cosas. Nelson padre dinamitó la catarsis del paso del tiempo, aludiendo que le quedaban 3 o 4 mundiales y no mucho más. El guatón, que todavía recordaba con rencor esas tardes colegiales cuando su viejo pasaba por la cancha y desde afuera gritoneaba cada una de sus intervenciones, ahora lo medía con nostalgia. Y él, en ese espacio de sinceridad que se había armado tras un partido de mierda, sinceraba su corazón, confesando que no había puto día que no se acordara de ella.

La tregua duraría hasta el palo de Pinilla y esos fatídicos penales de octavos de final ante Brasil. El guatón Nelson, que hasta ahí los partidos de la Roja los veía con sus amigos, esta vez se quedó con su viejo, alimentando este renacer de confianza. Sin embargo a Nelson padre se le fue a la mierda el lirismo y lo responsabilizó del desenlace acusándolo de yeta. Desde ahí la relación nuevamente se enfriaría.

Después de algunos meses, el guatón encontró pega, marchándose una vez más del nido. En el velador tenía tres fotos: una suya, una de ella y otra de esa loca noche, a punta de italianos y schops, junto a su viejo. Tenía, porque ahora son dos; ella ya no está, de hecho, hace unos días se le vio caminando cerca de la plaza, amagando un trote: el guatón Nelson, está listo para volver a las canchas. #BB

Ilustración de https://www.facebook.com/pipeolivaart/

Acerca de Roberto Meléndez 361 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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