El golazo de Willian

Desesperado y viendo que en la cancha las respuestas no llegaban, no resiste y da rienda suelta a la locura.
Willian, aún afectado por el temprano quiebre de su última relación -¿y yo que le di todo?- ha pensado más de una vez mascando la pena, además de haber recibido la noticia de que será padre fruto del desliz de una noche brumosa y poco recordada -y justo ahora que estoy sin pega- reflexiona advirtiéndose en el abismo, se entrega al instinto y fluye con un categórico, balsámico y eterno -¡a la mierda!-. Y sin polera y con lentes de sol, toma las riendas de su esquizofrénico camino: trepa la reja y salta a la cancha; mira en modo pato malo a un inocente pasapelotas quien nervioso le suelta el balón. Y Willian, pelota en mano, corre con ella. La cancha se le hace gigante pero nadie le sale al paso y sigue, y sigue…

Paralelamente. Olimpia tiene atado a su rival en el área, buscando con desespero el tanto del empate. Van 93 minutos de juego y resta la última jugada. El estadio, inminente y obviamente, colapsa ante dos hechos que se brindan espectaculares: la jugada hilvanada del local que tiene cerca de la lona al duro oponente, y ese flaco de lentes que está entrando al área… Patea el jugador del Olimpia, patea Willian…¡¡¡¡GOOOOOOOOOOOL!!!! Willian, que no vio lo que sucedía en ese mismo momento en el partido, sale a celebrar su gol y se estremece ante el estruendo del estadio: ha tocado la cima, es la gloria, ha empatado el clásico, nunca una rebeldía suya le había causado tal grado de satisfacción, por más que fuera sólo un símbolo… al acto, mientras festejaba en el recortán, recibe flor de palo en la cabeza de un policia amigo. El héroe se tumbaba.

El juego increíblemente terminó empatado a dos goles, claro que no por el gol de Willian, quien terminó preso. A las horas, mientras esperaba en el calabozo, entiende que es tratado con respeto, que es famoso. Se siente bien. “¿Qué me espera ahora?” se dice para adentro con entusiasmo. Ahí mismo, su destino se lo muestra: “Señor, tiene una visita” y entra una chiquilla embarazada “mi amor, ¡te vi en la tele!”. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 391 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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