El espectacular

Era el torbellino de la fonda; incontenible, desatado, exultante. Espectacular.

Hijo único, de padre ausente, 28 años, analista de sistemas y soltero de toda la vida. Uno que otro bar karaoke, algún beso raspado, no mucho más. El deseo de su madre era tener una niñita, pero salió él. Mateo sin resultados, tuvo una infancia difícil, como todo hombre del rebaño que no juega a la pelota, no tira tallas y es débil de salud. Asmático, pie plano y medianamente tartamudo, su adolescencia estuvo marcada por un desarrollo inadvertido y también por el aumento de sus convalecencias ópticas. Ya en la universidad inició sus primeras borracheras y siguió consistentemente rebotando en el amor. Alérgico a la lactosa, decidió que este debía ser su ’18’. Pidió un mal crédito de consumo y compró toda la ropa en liquidación de ‘Zona de vanguardia’. Ya con la billetera cargada y el atavío renovado, sólo necesitaría de la piscola para cerrar y confirmar una nueva identidad.

Poco a poco el grupo con el que llegué comenzó a esparcirse. Algunos amigos ya estaban derechamente perdidos. Atrás había una banda sonora y las luces profundizaban los vivos colores de la multitud de ‘terremotos’ que engalanaban los espacios. Puestísimo, mi mirada estaba clavada en unos labios peleadores que ya me habían esquivado la noche anterior. Bailaba al paso seguro del un-dos, con el mero pretexto de acercarme más y más. Junto a la multitud de desconocidos apareció un improvisado trencito, comandado por ‘Roger Federer’, un tipo flaco y alto con un tufo alejado al tenista suizo, confirmando esa idiosincrasia patria de darle a todo el mundo apodos; simplificando. En definitiva, nadie era totalmente ajeno, la fonda agrupaba y alineaba, con música y alcohol, nuestros destinos. Los labios ya no fueron esquivos. Un beso, otro beso y la risa.

De pronto, una pirinola eléctrica y magnética absorbió la atención generalizada. Un conjunto de movimientos sin mucho sentido establecía el modo y Macarena, una amiga a la que suelen pasarle hechos extraordinarios, era succionada por el más empedernido y esforzado joteo. Hay que decirlo, el muchacho se jugaba la vida. Le tomaba las manos, la daba vuelta, perreaba; paso adelante, paso atrás, ambos al mismo tiempo y pasando de largo. El espectacular conmovía y, pese a no tener un cuerpo atlético, no sudaba.

Macarena se resistía a sus encantos pero el noble joven persistía. Le metía brazo arriba estilo Superman y luego la abrazaba meneándose al ritmo aromático de una noche furiosa. Mientras ella ya buscaba una buena excusa para arrancar, nuestro héroe se decidía a consumar una noche apasionada, junto a un eructo dieciochero que no supo disimular.

Sin embargo, cuando nuestro Romeo preparaba su set de artimañas para buscar la boquita de Macarena, quien pedía auxilio con la mirada, las manos y también con un elegante y discreto “¡Sáquenme a este hueón!”, unas convulsiones interrumpieron la escena y el galán se nos fue a piso. “¡¡Tá como pico!!”, exclamó Roger. Nos acercamos y balbuceaba “oeonddsdapssss”. Macarena, hija ilustre de un colegio católico, con fuerte sentido de la culpa, se aproximó y le besó la frente. Ahí lo dejamos.

Cuando ya nos íbamos, una camilla de carabineros se lo llevaba: iba en coma. Pero una de sus manos, inconscientemente, repasaba y acariciaba el beso que esforzada y merecidamente se ganó.

Fue su noche, la noche de ‘el espectacular’. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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