El día de Massu

Amábamos a Marcelo Ríos porque siempre fue bueno, nunca hubo que esperarlo. De chico, un crack. Primera temporada como profesional y ya cerraba entre los 100. Confiábamos en González porque dependía de él, su derecha siempre estuvo en la orbita de lo ridículamente espectacular y, a partir de ahí, el horizonte, pese a algunos traspiés, era de clase. Massu sabíamos que tenía nivel para competir, contaba con un derecho más que respetable, además de poseer rápidos desplazamientos y un alto espíritu de lucha, pero quizás la falta de la brillantez técnica del Chino o de la potencia física de Fernando, nos generaba una distancia en cuanto a las expectativas.

Llegó a Atenas sin haber ganado un partido en pista dura durante esa temporada, pero si había alguien que se tenía fe, era él. La gran cualidad del vampiro, siempre fue esa, que nadie confiaba más en su tenis que él mismo. Ahora bien, tampoco era sólo voluntad, había capacidad y un trabajo bastante bien llevado por su coach de entonces, Pato Rodríguez.

El partido de primera ronda en los olímpicos estuvo cargado de drama, pero resistió los embates de un motivado Guga Kuerten y le terminaría ganando a lo guapo, defendiendo y pegando. De ahí, la convicción de que le tendrían que ganar a palos. Soltó la mano y cuando entraba en racha, le entraban todas, partiendo por la devolución de saque, un aspecto central a la hora de buscar resultados. Además la derecha invertida le estaba corriendo como nunca y de cabeza andaba solido, como pocas veces. Nico Massu llegó concentrado a patear el tablero, aunque nadie lo tuviera de candidato, ni los propios chilenos.

Siguió ganando, cada vez con más autoridad, y sin darnos cuenta ya estaba en semis. Hizo de un encuentro durísimo con un top ten como Carlos Moyá, un tramite, y mientras González se había desecho de Roddick, Berdych había hecho lo propio con Federer, el principal favorito. Un cuadro abierto que supo aprovechar y lo tuvo de frente en la final con Mardy Fish, verdugo de Fernando González en la otra semifinal. El tobillo de este último doblado en medio del segundo set, sacándolo del partido cuando todo parecía encaminado a una memorable final de chilenos, fue una escena dramática. Pero la bandera tuvo revancha.

Massu llegaba casi sin energías luego de una semana a todo vapor que ya le había dado el oro en el dobles la noche anterior, la primera medalla de oro en la historia del deporte olímpico chileno y él, que la había conquistado, aún no podía acariciar del todo porque todavía le restaba trabajo y su gran oportunidad personal .

Un primer set jugado en velocidad crucero levantaba a un Chile expectante como nunca, que tras 108 horas de espera por subirse a lo alto del podio, ahora sólo parecía tener que esperar horas por la segunda. Un absurdo histórico, una hazaña deliciosa. Pero nunca es sencillo. Las piernas del nacional comenzaron a moverse más lentas, los tiros se volvieron erráticos y la actitud de a poco se arrastraba en la cancha, junto al despegue del gringo.

Fish comenzó a dominar el juego, sobrando, aprovechando la merma del viñamarino. Lo hecho por el chileno ya era brutal, llevando una semana extraordinaria, pasando más horas que ninguno compitiendo; nadie podría reprocharle nada, menos quedarse con la plata. Sin embargo hubo un par de cobros dudosos -el ojo de halcón todavía no nacía-, con un árbitro imperturbable que ni se movía de la silla. El fuego interior de Massu termina explotando, evaporándose con la pica el cansancio, y el estrés mental de una semana agotadora, se volcó en adrenalina. La resignación al baúl, el estadio se encendía. Los ceachí en el court estremecían y sacaban al norteamericano quien no entendía cómo ni de dónde estrenaba fuerzas su rival. Como siempre, como en toda su carrera, de él mismo. Caía 1-2 en sets: lo terminaría arroyando con coraje y tenis, porque también hay que decirlo, cuando agarraba vuelo, a Massu no era fácil jugarle.

Se reconectó con las líneas, aguantó los puntos largos, gritó cada buen punto. Y se autoputeaba cuando la cagaba, porque así era él. Se pegaba en el pecho con su amiga la raqueta y se decía bien fuerte “¡Esta hueá es mía!”, y lo repetía. Con esa convicción se gana. De a poco lo fue dando vuelta, eso ciertamente fue emocionante. El final parecía cerca, Fish ya no encontraba respuestas y se quejaba del ambiente enloquecido. Massu lo avivaba. Paralelamente en Chile nada era más importante que la tele y ese partido, embriagados de tenis. Y lo terminó amarrando, luego de un saque tirado con el impulso que le iba quedando, abierto buscando el revés; la devolución fue ancha. Lo había conseguido.

Tras la lucha, al suelo, lagrimas y la de oro en el pecho, llevándose el titulo más importante y la admiración de todo un pueblo. Ya nada era imposible y desde entonces y para toda la vida, la leyenda del guerrero.

Un 22 de agosto, el día en que la historia de Chile aplaude a Massu. Han pasado 12 años, poco, porque siempre se va recordar.

El día de Massu. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
Contacto: Twitter

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*