El chileno sin club que le ganó a Brasil

Chile estaba suspendido de participar en las eliminatorias del mundial de Estados Unidos ’94, por lo que a falta de un año de la cita planetaria, la fuerza debía concentrarse en la Copa América que se jugaría en Ecuador. El técnico Arturo Salah llegó convencido de las posibilidades de su escuadra, afirmando tener un grupo de jugadores competitivos y preparados para aspirar a cosas importantes. Uno de esos jugadores era el delantero Richard Zambrano, quien previo al inicio del torneo cargaba con la pesada mochila de ser resistido por una parte de la prensa y de la hinchada.

Richard Zambrano hasta ahí sólo había tenido experiencias menores y decorativas en la selección nacional, por lo mismo la oportunidad le emocionaba, comprendía y subrayaba el significado de ser parte en una competencia de tamaño prestigio, aunque sus latidos se agitaban todavía más al implicarlo con el orgullo de representar al país. Por eso es que las críticas le dolían, él no era un jugador mediático, ni nunca exigió un llamado, simplemente el técnico confió en él, y con la intención de hacerlo de la mejor manera fue que llegó humildemente a los entrenamientos en Juan Pinto Durán, el lugar que en ese momento estaba siendo su refugio.

Zambrano por esos días no tenía club, bajo esa angustia mojaba los petos, y era esa ausencia de finca institucional la que promovía buena parte de las sospechas hacía su capacidad, así como también el desprestigio que su antiguo mandamás, el controvertido y deslenguado René Orozco, esparció con pendeja revancha al llamarlo públicamente “mercenario”. Sin embargo la realidad era diferente a como livianamente se planteaba.

Richard un año antes había llegado a Chile desde Suiza para ver a su familia y hacerse el chequeo médico antes de firmar el gran contrato de su vida con el poderoso América de México. Ilusionado aterrizó en el viejo aeropuerto de Pudahuel, dejando atrás una experiencia irregular en el Saint Gallen, pero sumamente optimista frente al nuevo desafío que le esperaba; el conjunto helvético pedía una tonelada de plata por sus servicios y era el gigante azteca el dispuesto a pagarlos. No obstante, aparecieron un par de ratas intermediarias metiendo la cola, queriendo optimizar el negocio incluyendo tres futbolistas por el mismo precio y, claro, aumentando considerablemente la comisión de la operación. Por supuesto la situación desmejoraba los intereses del Saint Gallen, quienes inmediatamente rechazaron la situación; paralelamente, el trabajo de depreciación del valor de Zambrano tuvo un curioso respaldo médico que encontró una lesión en la rodilla que luego nunca más fue apreciada. Efectivamente, se lo habían cagado.

Finalmente el América desistió de su propósito y Richard, quien no tenía intenciones de volver a Suiza, se quedó en Chile a préstamo, primero en Unión Española, luego en Universidad de Chile. Fue en este último equipo donde le demostró sus condiciones a Arturo Salah, puesto que este además de seleccionador chileno, era el técnico del conjunto universitario, una dualidad extraña a día de hoy, pero no tanto para esos tiempos. Richard Zambrano era un delantero rápido, anticipador, de mucha fuerza en el área, y fueron esas características las que convencieron a Salah de jugársela por él para la disputa continental. El préstamo con Universidad de Chile había expirado, pero el viejo zorro de Orozco tiraba una retorica simple de fidelidad esperando pagar lo mínimo, mientras el Saint Gallen no renunciaba a la expectativa económica que se había cifrado por él; entremedio, este no sabía qué cresta hacer, ni sabía qué pasaría con su destino. Zambrano no tenía dónde ir y fue el llamado a la selección la oportunidad de seguir entrenando y abrigarse una expectativa si lo hacía bien con “La Roja”, pero mientras eso ocurría y los días pasaban, la presión de no tener nada cierto hacia adelante le sacaban el sudor y el desvelo nocturno, además ya no era un lolito, tenía señora y dos hijos.

A pesar de los cuestionamientos, y que los favoritos de la siempre bulliciosa prensa especializada eran otros, Arturo Salah no se doblegó y mostró la personalidad necesaria para llevarlo a la Copa -personalidad que hoy como presidente de la ANFP no vemos, siendo un mero peón de los del billete-. Así, el nacido y criado en la pequeña comuna sureña del Laja, llegaba a Cuenca, la ciudad sede del grupo de Chile.

El inicio fue un desastre, Chile exhibió una presentación paupérrima y cayó por la mínima ante Paraguay. El resultado dejaba cuesta arriba cualquier expectativa toda vez que el próximo rival sería nada menos que Brasil. La sensación nacional era de absoluta desesperanza y dentro de los múltiples juicios, Richard Zambrano era el kétchup de la papas fritas. Pero aunque el favoritismo del equipo de Carlos Alberto Parreira era brutal, el conjunto chileno cantó el himno con desahogo y en el campo mostró el carácter necesario para desarrollar el juego. “La Roja”, increíblemente para lo acostumbrado en la época, salió a buscarlo; de esa manera, sin complejos, se posicionó en campo contrario, tocó para adelante y el Coto Sierra puso la ventaja con un zapatazo al ángulo. La selección chilena invadía con brío y hambre, jugando con tino y usando los espacios: fueron veinte minutos memorables.

Pero Brasil es Brasil y los nuestros seguían sin tener cable, creyendo en el cuento de la medida de lo posible, considerando la ambición un riesgo vicioso, la rebeldía un síntoma inmaduro y la prudencia como el camino más seguro. En ese trasnoche espiritual lo normal era meterse atrás, rezarle a la proeza de la fortuna y a una contra de manual; Chile se metió atrás, a aguantar y llegó el empate de Muller, el crack que la rompía en el Sao Paulo de Telé Santana. Con todo, esos primeros veinte minutos mostraron el camino y en el entretiempo la consigna fue volver a tocar y mostrar coraje. Fue en ese segundo tiempo, en un lapso de 9 minutos, que Richard Zambrano cambiaría la percepción completa de la realidad y se instalaría inmortal en el recuerdo de quienes vieron y vivieron esa jornada especial.

A los 51 minutos aprovechó una combinación extraordinaria entre Mario Lepe y Fabián Estay para desmarcarse, encarar mano a mano al portero rival y cucharear la pelota como romance playero; la empaló como si estuviera en el barrio o en el Deportes Laja donde se inició, con técnica de potrero y la gravedad hizo el resto para que la curva fuese a la red y flor de orgasmo. Golazo. Y lo gritó con todo, garabateando toda la mierda acumulada, y luego riendo, porque así era él dentro de la cancha, igual que afuera, un tipo jovial, bueno para la talla, que hacía lo que quería y punto. Gol desfachatado, fuera de contexto, atemporal. Pero la alegría se calmó en breve tras un penal inocente, de marca registrada, ese que siempre cometemos. Del orgasmo a la perdida de la billetera. Patricio Toledo no pudo hacer nada ante el remate de Palinha. El empate aún dejaba con vida a los nuestros, pero en un arrojo de actitud increíble, fueron por más, no hubo conformismo, en cancha no se sintió la diferencia y hasta el Coca Mendoza se creyó el cuento que era mejor que Cafú. De esa forma se llegó a un tiro de esquina, y llegaría el golpe definitivo: Richard Zambrano se desmarcó, anticipó a todos corriendo en dirección del primer palo, claro que alejado ´15 metros del arco y metió un cabezazo como el mejor Zamorano, pero no era el goleador del Real Madrid, era Zambrano, el chileno sin club. El movimiento con la testa fue perfecto y la cambió al segundo palo, haciendo ver enanos a todos los brazucas. 3-2 y que a nadie se le olvidé quién fue ese día Richard Zambrano.

El resto fue eso que dicen oficio, suerte y termínelo profe. Y así fue. Chile 3, Brasil 2. Al partido siguiente, en un ejercicio de validación de identidad, el jugo de siempre y en una mezcla de agrandamiento, relajo y error en la ruta (Zamorano llegó desde Madrid tarde, se puso la 9 y se le buscó por arriba todo el partido), nos fuimos eliminados al caer por Perú 0-1. Coto Sierra además fallaría un penal. Pero eso no quita ni merma un poco lo hecho ese 21 de junio de 1993 en Cuenca, cuando Chile le ganó a Brasil, con dos goles de uno que no tenía club.

¿Qué pasó con Richard Zambrano? Fue contratado por el Santos Laguna de México y ya pudo dormir mejor. Debutó contra el América y les hizo un gol. Todavía juega a la pelota, y no le duele la rodilla. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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