El buzo de Klopp

Poco le viene usar el terno ajustado, ese de moda que tiene a los técnicos en plan cuarentón metrosexual por las canchas del mundo. Y lo sabemos, después de don Peineta, ninguno va a estar a la altura. Klopp se pone un buzo y ya está; para qué más cuento, además, no es un tipo que se quede quieto en la banca, todo lo contrario: se mueve, se agita, lo grita, lo vive. El alemán derrocha pasión y así espera que jueguen sus equipos, los que nunca tienen a las joyas del mercado, pero con plan atrevido y laburo, la intención es dar cara y lastimar con presión y toque.

Klopp a los siete años tuvo un vuelco en su vida de niño; miraba con ingenua curiosidad la televisión que transmitia, en un país dividido, el mundial que ahí mismo se jugaba en 1974. Y fue comodamente sentado como observó a Paul Breitner chuteando de media distancia un bombazo que se coló en arco… chileno. Alemania Federal marcaba el 1-0 y el pequeño ya nunca volvería a ser el mismo. El vuelo de ese balón y la explosión colectiva provocada por el gol, ingresaron la sabia droga de la pelota en su alma. Descubrió el fanatismo. Y ya sentado no podía estar.

Se probó en muchos equipos, dio jugo en casi todos, pero puta que le metía ganas. Tantas que incluso llegó a ser parte del plantel del Mainz en segunda división. Aunque tonto no era y pese a no poder desligarse del fútbol, porque ante todo era un hincha, sabía que en la cancha mucha magia no había. De rebote y tras la abrupta salida de su técnico por malos resultados, en un club sin niuno, las fichas fueron hacia él. Manejaba conceptos y diálogos futboleros mejor que todos en el camarin. Obsesivo y riguroso, Klopp era la carta. Y aceptó. Ganaron los siguientes seis partidos y salvaron del descenso. En todos esos encuentros usó buzo y jugó la pichanga desde la raya, porque quizás no tenía el don de ser un talento en el campo pero nunca, desde ese gol de Breitner, pensó en otra cosa que no fuera la pelota. Y así, en medio de la necesidad y desesperación financiera y deportiva de su club, y también de sí mismo, un técnico había nacido.

El viejo Liverpool hoy clasificó después de algunos años a la Champions League, y Klopp es el DT; mientras, lo vibra como jugador, ese que no alcanzó a brillar; y como hincha, ese que sigue siendo. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 391 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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