El alumno que dejó de ir al colegio por un mundial

Al recordar a Ronaldo esta mañana, comencé a escribir sobre su vida, sus mundiales, y algunas ideas personales acerca de él. Cuatro rápidos párrafos, ninguno se conectaba con el otro pero no importaba, lo que fluye no tiene para qué ser parejo. De pronto me detuve y recordé a un amigo del colegio, Diego.

Diego era un tipo que se destacaba por ser alto, bien alto y no mucho más. En el resto de las cosas era un muchacho promedio: un feo promedio, de notas promedio, un defensa menos que promedio, y así.
Estábamos en cuarto medio, en nuestro último año escolar, y se nos apareció el mundial de Corea-Japón del año 2002. Diego era un fanático del fútbol; un defensa rústico y lento, pero fanático. Esos días los vivíamos con intensidad: preparando la prueba para la universidad, mirando de reojo a las chiquillas para la fiesta de graduación, y por supuesto con la Copa del mundo encima. Chile no estaba en la cita, habíamos quedado fuera con comodidad en el último lugar de la tabla sudamericana, sin embargo, un mundial es un mundial.

Claro que teníamos un gran problema: los horarios. La hora asiática nos acorralaba, ya que los partidos eran de madrugada o derechamente en la mañana, cuando tocaba disfrazarnos y ponernos el uniforme. En mi caso llegué a una amistosa negociación con mi mamá y me permitió faltar a algunos encuentros claves; como por ejemplo el Argentina-Inglaterra, un clásico imperdible, que terminaron ganando los europeos 1-0 con gol de penal de Beckham. Por su parte, Diego, lisa y llanamente no fue más al colegio. Desde el primer día, cuando Senegal daba el batacazo y vencía a Francia, último campeón y solido favorito, Diego no pisó más nuestro querido establecimiento educativo. Salvo en una ocasión.

Diego tenía pendientes 9 pruebas, dos trabajos de arte y un libro con multa en la biblioteca. La situación preocupó a la dirección que llamó por teléfono a su casa. Contestó él. Un martes de junio del año 2002, tipín 11:30 de la mañana. Diego en pijama, tomando jugo de naranja, viendo “Slam Dunk”, le preguntaron qué estaba pasando y sin invocar una distinguida mentira, respondió con desparpajo: “Un mundial es cada cuatro años”. Un héroe. Desde el otro lado del teléfono apareció la indignación y le señalaron que si no iba al día siguiente todo lo pendiente pasaría a nota 1. Y Diego volvió al colegio.

Lo increíble es que esa misma mañana se jugaba la semifinal entre Brasil y Turquía. Y justo, a esa misma hora, teníamos prueba de Biología. Un descriterio. Comenzó el partido y comenzó la prueba. 15 minutos después Diego entregaba su prueba y salía corriendo de la sala, directo al negocio de la Chabelita, quien tenía una tele y veía los partidos. No pasó mucho hasta que escuchamos “¡¡Gooooooool!!”… Era Diego y desde afuera nos gritaba que Ronaldo de puntete había clavado. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 365 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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4 comentarios en El alumno que dejó de ir al colegio por un mundial

  1. A mí me paso lo mismo ese año, y para el 2006 en la. Universidad también.
    Un Crack viejo, un gran blog, una mezcla entre barrio, poesía y fútbol.
    Con cierta irreverencia, así como Vidal, me gustaría sugerirte algo, podrías crear un espacio para que los seguidores comenten sus historias, ya que hace rato que esto empezó a ser una comunidad.
    Saludos BB

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