Los viejos tiempos del héroe ante Venezuela

Por más que se escondió debajo de unas frazadas y de lo rauda que salió su camioneta del estacionamiento del crimen, no pudo ocultarse más: la prensa ya sabía que era ella, María José “Coté” López quien salía del departamento del entonces no-promesa-del-fútbol Mauricio Pinilla, un no-convocado-y-aislado jugador enviado a préstamo a la U (ante la poca continuidad en su equipo, el Heart of Midlothian de Escocia) cuya fama recaía en escándalos, carretes y cancha de galán. De polera de escote en V y soltero por conveniencia, las gambetas se las hacía a varias sin nombre conocido que cedieron por goleada. Hasta que se encontró con la rubia de Morandé, menor de edad pero con permiso notarial. Ella estaba casada con Luis “Mago” Jiménez y Mauricio era el padre de una retoña fruto de una relación a lo menos complicada. Se juntaron un par de veces supuestamente con muchos testigos pero siempre con pocos testimonios que daban espacio a la especulación. Para los románticos ahí no había amor, para los con imaginación muchos espacios vacíos por llenar. Pero ahora, con cámaras y fotos de prueba, los cuentos de pasillos se esfumaban para dar paso a la verdad.

Mientras Coté elucubraba coartadas que eran desechadas segundo a segundo, Pinigel (porque el sufijo “gol” no tenía vigencia) se despertaba en su departamento que pronto declararía como ‘de soltero’. Con el único ojo que su cabeza le permitía abrir, alcanzó a percibir el desorden del lugar, los múltiples mensajes de texto de su celular, con la advertencia que no asomara nariz por la entrada del edificio, y la hora, no muy temprano ni tarde, pero con el tiempo justo para llegar a la iglesia al bautizo de su única hija. Se metió a la ducha como pudo y se vistió como siempre, para rematar con los lentes de aviador oscuro y un poco de gel para esas puntas rebeldes que siempre querían bajarse. Corrió ascensor abajo y tomó el auto con la rapidez que en ese entonces se tomaba los combinados, pero no llegó a tiempo. Un dolor más para Gisella, que en ese entonces todo aguantaba, pero un triunfo secreto para Pinigel de saber que el carrete y su desenlace habían sido como las finales que nunca había disputado: con todo.

Pocas horas después de escuchar a su amiga Daniela Aranguiz especificar la película que las tuvo desveladas toda la noche -El rey León-, Coté López supo que era el fin; había que dar la cara y si eso significaba confirmarlo todo, lo haría. Citó a los periodistas en una ventolera que anunciaba lluvia, y con el frío que no lograba calar en la enrabiada voz de la rubia, declaró con fuerza y valentía que sí, que era ella, que sí estuvo con él, y no, que no era nada en su vida, tal como lo fueron 3.000 hombres más. Lo último un sacrilegio para los machistas, un expresión errada para los comprensivos, y un dolor en alma para Pinigel.

Convencido de la libertad de prensa, la democracia y el derecho a contar su versión, no desestimó en recursos y solicitó una sala en un pituco club para realizar la única conferencia de prensa que poco y nada de fútbol tuvo, pero que sí fue la más conocida. No asistió Pedro Carcuro, ni Alfredo Villalobos, ni José Manuel Vera, ni tampoco Fernando Solabarrieta que experiencia tenía en el tema extra futbolístico, pero sí todos los programas de farándula e inclusive su, al momento de la conferencia, pareja Gisella.

El Mercurio declaró que entró “como el rock star que cree ser”, pero la verdad es que la declaración fue lo más parecido a un gol; gambetear, eludir y atención. Quizás si se hubiese sacado los lentes ahumados hubiese leído con fluidez, pero a pesar del tartamudeo y de la redacción, cuya autoría hasta el día de hoy es incierta, afirmó que sí había estado con ella pero que por ello no le correspondía a él dar explicaciones, que la única con compromiso serio al momento de los quehubo era Coté y, por ende, las razones las tenía que dar ella a su marido. Y si bien todos se acuerdan de la frase “un caballero no tiene memoria”, pocos saben su remate: “pero justo ese día me caí y me pegué un cabezazo en una piedra». Pinigel terminó la conferencia sin aceptar preguntas de nadie, tomó a Gisella de la mano y salieron juntos al siguiente obstáculo que él esperaba con ansias fuera sobre cancha más que de cacha.

Acerca de Juana Gonzalez 32 Articles
Columnista de Barrio Bravo. Estudió una de las carreras menos rentables del área humanista -y con eso se puede ver de qué va- pero, con mucha suerte, trabaja en lo que le gusta. Se retiró de las canchas a temprana edad por el bien del fútbol y hace poco, por primera vez en su vida, se abonó a un equipo: Palestino.

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