De una vez por todas

Balones hay de todo tipo, el de barrio donado por alguna buena alma que muchas veces necesito de cooperación vecinal para ser rescatado del techo más complicado, no tanto por su altura, sino por su dueño; el de calcetines y mallas enmanadas, más parecido a una papa, que permitió los goles más excéntricos de cualquier campeonato a nivel mundial; y la pelota del año, con la que pocos juegan y muchos miran detrás de las vitrinas. Todas ellas, sin excepción alguna, están manchadas. No con barro por un juego bajo la lluvia, sino con mierda. Con una mierda invisible que poco tiene que ver con los resultados futbolísticos, pero que sí guarda directa relación con el oprobio de algunos que dejaron de ser pocos.
Porque en estos últimos años, la codicia ha podido más que todo el amor al fútbol y su gente.
Porque en estos últimos años, el fútbol se ha convertido en un rehén de la suscripción y el cable.
Porque en estos últimos años, la rama femenina del deporte solo conoce público en sus finales.
Porque en estos últimos años, los directorios parecen mafias cerradas de una república impune.
Pero la fe se reanuda cuando se ve al equipo entrar a la cancha, en el asado con los amigos viendo a la selección, en el ritmo que adquiere la ciudad en fechas decisivas, en saber que todos, de alguna forma u otra, por osmosis u opción, respiramos fútbol.
Por todo lo anterior, por favor, devuélvannos lo que es nuestro y limpien el fútbol chileno.

Acerca de Juana Gonzalez 32 Articles
Columnista de Barrio Bravo. Estudió una de las carreras menos rentables del área humanista -y con eso se puede ver de qué va- pero, con mucha suerte, trabaja en lo que le gusta. Se retiró de las canchas a temprana edad por el bien del fútbol y hace poco, por primera vez en su vida, se abonó a un equipo: Palestino.

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