Rocío Yáñez, el personaje con más ovarios del fútbol chileno

Don Julián estaba helado. Su hija, su costilla, su niña estaba ahí, en esa foto y en ese diario. No de bikini, ni de piernas abiertas, ni en colaless. Sí, miraba el diario La Cuarta, pero no La Bomba 4, sino una nota en la sección deporte sobre la final femenina del campeonato nacional. Rocío estaba ahí, en la foto, no como extra, sino de rodillas y con las manos atrás, vistiendo la camiseta de Santiago Morning.

Decir que nació con un balón en el pie puede sonar a exageración, pero nadie puede contradecir que Rocío Yáñez al ser golpeada por el médico con solo segundos de vida, no lloró sino que gritó algo parecido a gol. Tampoco se podría objetar que con los años la pasión solo se iría perfeccionando al punto de ser solicitada por los hombres del barrio antes que su hermano para jugar en la cancha, y sería mentir que la jineta de capitán que ocupó en el plantel masculino era por cortesía a la única fémina que ocultaba su largo pelo café en un moño para pasar por hombre. Rocío era fútbol y talento, eso lo saben todos. Pero don Julián, que de balones y partidos escaso interés tenía, no quería ver a su hija en áreas que poco creía tenían que ver con su género, proclive, según él, a otras cosas. Tampoco era que su deseo fuera verla en casa, entre la cocina y el cocer, pero definitivamente, cuando el médico anunció que serían padres de una mujer, no se imaginó este desenlace: una niña que quiere ser futbolista.

Volvió a leer la noticia con cautela y la recortó cuidando no romper ni una esquina. Enfiló directo a la casa, sin saludos ni distracción que lo retrasaran. Armó un bolso rápido y llamó a su antiguo amigo, el Jaime, que sabía seguía allá, trabajando como siempre. “Te explico apenas llegue”, le dijo por teléfono luego de escuchar que no se preocupara y que una cama lo estaría esperando apenas llegara. Armó su maleta con lo justo, dos calzoncillos, cepillo de dientes y calcetines, para rápidamente salir al terminal de buses, con el deseo de llegar a Talca y que todo fuera una equivocación.

Para el desconocimiento de su padre, Rocío no solo jugaba fútbol, sino que tenía uniforme y casillero en un equipo de colonia, Palestino. Era de quite y letal. Pero esa vez vestía camiseta ajena con permiso de su club. No había querido decirle la verdad porque sabía cómo sería todo: sermones y más sermones de por qué no se dedica a otra, por qué no mejor estudia ingeniera, que el fútbol no era de mujeres. Decidió entonces mantener su pasión escondida y se embarcó rumbo a la final sola, sin familia en las gradas que gritara su nombre.

El día del partido Rocío entró a la cancha con la vida. Con la vida porque es así como se entra al lugar que te pertenece. Y fue tal el desplante que no solo ganaron, sino que fue elegida como Jugadora Revelación. Pero mientras levantaba la copa con sus compañeras, lo vio: en las gradas estaba su papá.

Don Julián permanecía sentado y ajeno a la felicidad que significa triunfar a través de otros. Miró a su hija celebrar y observó la entrega del premio que todos agradecieron fuera a Rocío. Pero ni con eso el corazón se le hinchó, pinchado por la traición de años y dolido por no haberlo previsto. Se paró con el recorte todavía en sus manos y con un solo gesto a su hija, ella supo que no habría un 3° tiempo.

Rocío sintió un pasajero remordimiento, leve, que se esfumó naturalmente con los segundos, pues simplemente estaba haciendo lo que le gustaba – y muy bien-. Eso cuando nace de adentro, no tiene por qué justificarse.

Fue la primera chilena en jugar la liga de soccer de Estados Unidos. Egresó como la mejor de su generación en la carrera de directora técnica de lnaf y también estudió periodismo en la Uniacc. Además, ganó una beca de alto rendimiento en FC Barcelona. Ha entrenado a San Antonio Unido y a la Selección Femenina sub 17. Y ahora, Rocío Yáñez acaba de firmar para ser la nueva directora técnica, junto a Víctor González, de Lota Schwager.

Desde esta tribuna y en estos días en donde la mujer ha estado en el centro del debate público, yo Juana González, me declaro hincha de Lota Schwager. Porque debe ser difícil entrar todos los días a una cancha llena de prejuicios, pero más difícil todavía es no tragárselos. Que ellos se vayan a servir café, porque tú tienes una cancha a la cual entrar.

Rocío Yáñez, el personaje con más ovarios del fútbol chileno.

Acerca de Juana Gonzalez 32 Articles
Columnista de Barrio Bravo. Estudió una de las carreras menos rentables del área humanista -y con eso se puede ver de qué va- pero, con mucha suerte, trabaja en lo que le gusta. Se retiró de las canchas a temprana edad por el bien del fútbol y hace poco, por primera vez en su vida, se abonó a un equipo: Palestino.

1 comentario en Rocío Yáñez, el personaje con más ovarios del fútbol chileno

  1. Todo lo que dice sobre Rocío es cierto. Su amor por el futbol y su notable talento. Todo lo que dice sobre su padre es falso. El no solo tiene orgulo desde siempre y siempre le gustaba verla con una pelota en los pies, sino que ademas la puso en un colegio especial para deportistas, le financió todos los estudios futbolisticos y de periodismo y le dio las facilidades para que hiciera del deporte su profesión, porque nunca fue una pasión escondida ni a él ni a la familia. Y hasta hoy es motivo de su orgullo.

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