De elecciones y pecados

Año 2007, primeros días de abril, consejo de curso, y el 4°B todavía no tenía presidente. Macarena Guzmán, que llevaba 3 años de buena gestión, decidió no presentarse a pesar de las súplicas que hasta el profesor jefe le hizo. Sus razones eran claras; con sus compañeros no se podía hacer nada. Las arcas fiscales estaban vacías desde el comienzo de su mandato, allá por el lejano 2005, y la cuota que se había asignado en ese entonces de $100 por semana se había ido a las pailas solo días después de asumir. Algunos prometieron cambiar y le preguntaron a Macarena que cuánto era lo que debía cada uno para así ponerse al día. Pero ella en su defensa argumentó que ya era tarde y que bajo ningún punto de vista volvería a pasar por ese estrés, de estar en frente de un grupo que solo ocupada la hora de consejo de curso para hacer tareas atrasadas. “Está bien, Macarena” dijo Rolando, el profesor jefe, “entendemos tu punto, pero yo tengo una planilla que llenar para la dirección y debo poner el nombre de alguno de ustedes como representante de este curso”. El pueblo ante tal escándalo político debía tomar una decisión. Hasta que Juanito, que se sentaba atrás, lo propuso: “Que sea el Muno”. Damián, alias, el Muno, que estaba con un compás rayando el banco con el signo de la UC se quedó callado. Su CV era amplio: tenía más anotaciones negativas que todo el colegio junto, llevaba una racha indiscutida de 4 años invicto de zafar a último momento de la expulsión, y entre los profesores se pasaban el dato que a ese no había que sacarle los ojos de encima. Sí, el Muno tenía un amplio prontuario delictivo más que político, pero lo que no se discutía era que, a pesar de todo, era buena persona. Es verdad que rompió su trabajo de tecnología para que la profesora pensara que se le había perdido, y que llamó en varias ocasiones al colegio para avisar que pronto estallaría una bomba y así evitar más de una prueba. Pero si en un carrete por falta de lucas se acababa el pisco, él era el primero en sacar el suyo, escondido detrás de un mueble, y tender una mano al hermano con sed. Por eso, cuando todo el mundo comenzó a corear su nombre (Se siente, se siente el Muno presidente), al comienzo no sabía qué hacer. Servir a la comunidad como tan bien sabía hacer en reuniones sociales o ser, como siempre, el de la talla y el desmán. Se paró, y dijo “A veces hay que escuchar la voz del pueblo”. Estallido de aplausos y Rolando, mirando la escena, se tapó la cara.
A la semana siguiente de ser elegido, al Muno le tocaba presidir el primer consejo de curso, y como muchos pensaron que todo esto era para que la Dirección dejara de webiar, no tomaron en serio el liderazgo, hasta entonces oculto, del nuevo presidente. Nadie pensó que se iba a parar delante de todos, que le pediría el plumón de pizarra a Rolando, y menos que comenzaría escribir la lista de objetivos del año que él mismo había anotado en un papel la noche anterior. Pasmados, el curso se quedó en silencio y el Muno delineó su agenda gubernamental. Recaudó con esfuerzo la nueva cuota semanal, castigó a los morosos (con paipe incluido), distribuyó roles para la realización de asados mensuales y organizó al curso para la semana de las alianzas como un general de guerra. Un nuevo Damián había nacido y era tan impactante la nueva cara del, por años, “niño-problema” que hasta Rolando lo consideraba en las tomas de decisiones; el Muno era por lejos un líder innato.
Primer semestre cerrado. Inicio de vacaciones de invierno y el presidente del 4°B, Damián, alias el Presi, salió, como cualquier ciudadano común a relajarse de los quehaceres propios de un hombre que concentraba los 3 poderes políticos con éxito. Los días pasaron rápidos, y el sábado antes de entrar a clases, muchos compañeros prendieron la tele para ver las noticias mientras se preparaban para salir a carretear. Como un ruido de fondo, las mismas noticias de siempre iluminaban la pantalla, hasta que una nota llamó la atención de todos; “Una riña de proporciones tuvo lugar en las afueras de una conocida discoteque del litoral central. ¿La razón? Seis jóvenes adolescentes habían sido sacados por los guardias de seguridad por su evidente estado de ebriedad”. Comienzan a mostrar las imágenes. Destrozos, desmanes y algunos vidrios rotos. Las caras pixeladas no permitían ver nada, pero: “¿No es ese el Muno?” dijeron algunos varios. “Conchasumadre sí es” respondieron otros pocos. Y ahí estaba, el Presidente con una piedra en mano lista para ser lanzada.
Día lunes. De boca en boca se confirmó su participación en la riña, y si bien la Dirección todavía no se pronunciaba al respecto, la tarjeta roja era inminente. Esa mañana de invierno, el 4°B esperó sentado y en silencio la llegada de su presidente junto con las correspondientes explicaciones. Hasta que a las 8.00 am la puerta crujió, y Damián, alias el Muno, entró mirando el suelo y con las manos en los bolsillos. Levantó la vista con pesadumbre y sin más preámbulos, comenzó a explicar a sus compañeros los por menores de ese fatídico día. Confirmó su estado etílico, hizo un mea culpa y con lágrimas en los ojos, pidió disculpas. Las más sinceras disculpas que alguien alguna vez escuchó. Rolando, profundamente emocionado en un rincón de la sala, destrozado por ver a su oveja descarriada volver al rebaño, lo abrazó y con eso, todos entendieron que los pecados no se absuelven de rodillas y si bien el curso no pudo celebrar en una discoteque la fiesta de fin de año (porque el Presi estaba vetado de todas), el Muno era, es y será siempre el mejor presidente que tuvo ese 4°B.
De Milad sabemos pocas cosas, que es lanzador de bala, timonel de Curicó Unido y dicen que Zamorano se va a integrar a su equipo de trabajo. De Salah que es director técnico, dirigió a Colo Colo y Universidad de Chile, tiene la bendición de Mayne-Nicholls y piensa incluir a ex fiscal Sabas Chahuán en su lista.
El próximo 4 de enero serán las elecciones de la ANFP y la ropa sucia no se lavará en casa. Atentos candidatos porque desde en esta tribuna ya estamos con martillo en mano.

Acerca de Juana Gonzalez 32 Articles
Columnista de Barrio Bravo. Estudió una de las carreras menos rentables del área humanista -y con eso se puede ver de qué va- pero, con mucha suerte, trabaja en lo que le gusta. Se retiró de las canchas a temprana edad por el bien del fútbol y hace poco, por primera vez en su vida, se abonó a un equipo: Palestino.

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