Davide Astori

Anoche se acostó pronto; cayó rendido rápido en el sueño. Lo hizo con algo de culpa, pero suspiró aliviado al oír tanto silencio. Se sentía extraño, pese a que su pequeña nena solo lleva dos semanas en casa. No es tanto tiempo, pero bastó verla una vez para saber que eso ya era toda una vida. No la escuchó y se sintió solo, pero ya la vería de nuevo y la mimaría un rato, a cualquier hora fuera del entrenamiento… que agradable es dormir, pensó, y durmió.

El sueño pasó de negro a escenas incoherentes, aunque de a poco el subconsciente le dio orden a las impresiones. Caminaba con zapatos de fútbol, junto a una pelota que iba, venía y desaparecía. La misma calle sin salida de sus primeras barridas se convirtió en el túnel que salía al campo de juego, primero a San Siro, luego a otros estadios, hasta llegar a Florencia. Jugó al fútbol, hizo el amor, entrenó.

Llamó a sus padres y conversaron del pasado, de Pedro Picapiedra y de las pastas de moda. Ahora comía más caro, pero las viejas pastas de su mamma son mucho mejor. Sabía que soñaba, porque a veces lo sabemos, y al despertar se lo diría, aunque siempre lo decía; qué más daba otra vez, sabría que ella lo agradecería.
Aprovechó el instante y con la Azurra fue junto a Roberto Baggio al estadio de Los Ángeles a jugar esa final que tanto lo impactó. Tomó el balón en vez del ’10’, pero al igual que el ídolo esa tarde de 1994, falló el penal. Lo suyo ni en los sueños fueron los goles. Sin embargo, Baggio no lloraba y eso lo alivió. Al fin dejarían de culparlo.

El estadio Artemio Franchi está repleto y lo recuerda a él, con la jineta en la pantalla y un coro sin freno por parte de los tiffosis. Lo normal era irse en el olvido, y así lo sabe. Se emociona. Ya no despertó. No sabe qué pasó.
Su alma pena un par de segundos y llega a los brazos de su mujer; la besa, la besa sin parar hasta que le quita las lágrimas. “Bella”, le susurra. Mira a su nena, todo lo que puede, hasta que ya no ve nada. Valió la pena vivir, cree, y despeja por última vez el balón en la nada.

…”A Bonini le falta un defensa”, le dice Garrincha bebiendo un mojito.
“¡Ya pues, Davide, no sea boludo!, grita el profe.
Todavía no entiende, pero vivo o no tanto, feliz corre a la cancha. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 413 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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