¡Dale, Tomás!

Finalizó su rutina de suelo satisfecho y esperó con la intranquilidad obvia del momento el resultado de los jueces. La cámara de televisión le hizo un primer plano; al darse cuenta sonrío y mostró inmediatamente el escudo de Chile en su camiseta, ese país que no le ha dado nada pero que él fielmente representa, porque a pesar de todo es chileno, y esa fuente de identidad, emotiva e injusta, suele ser más fuerte.

Apareció un 15.066 y se llevó una mano a la frente, con el rostro desencajado y poco a poco volviéndose pálido. Tomás González lo sabía, no sería suficiente. La traducción instintiva de su cuerpo golpeó rápidamente en quienes seguíamos atentos el desenlace de los hechos. Y nosotros, que de Gimnasia sabemos bien poco, rápidamente culpamos con puteadas a los árbitros, porque más allá de algunas pifias, nuestro compatriota había andado bien, cayendo derechito. Ignorantes absolutos en la materia, aunque firmemente convencidos en las capacidades de quien ahora se retiraba abatido. Un “puta la hueá” espontaneo cubrió la escena desde cualquier rincón del país.

Sin embargo Tomás se ha ganado su lugar a pulso de deportista, es decir, buscándose las oportunidades. No era tiempo de adolescentes reclamos, era tiempo de ir por el salto y ver qué pasaba. En principio una prueba que no había preparado del todo, que iba secundaria en prioridad, que incluso pensaba no realizar. Pero fue a saltar, picado, con rabia, como se compite. Y bien concentrado no en los ejercicios de ayer, en los de una vida entera. Porque probablemente estos sean sus últimos Juegos Olímpicos y era el turno de dejar el alma. Y el alma voló. Mientras en el trayecto suspenso de las piruetas, el pecho se aceleraba por quienes queremos que le vaya bien, porque conocemos su historia y todas las carencias que ha sorteado y asimilado. Y porque sí, es chileno, y dice ‘hueón’ tal como nosotros. Cayó clavado y levantó con entusiasmo sus brazos. Explotó en nosotros un “¡Vamooos!”.

Quedaba un segundo salto, más simple, con menos puntaje, por lo que debía ser casi perfecto. Y así fue. Otra vez voló seguro y se plantó como un crack, desafiante ante los jueces. 15.149 el promedio y la posibilidad de la final más que cierta.

Todavía resta por saber si se meterá entre los 8 mejores de salto, los entendidos dicen que está muy cerca de lograrlo, pero sea o no sea, demostró clase, coraje y dignidad. La primera desilusión no lo enterró, al contrario. No quedan dudas porque merece chapa de grande de nuestro deporte. Te queremos ver en esa final. ¡Dale, Tomás! ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
Contacto: Twitter

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*