Cuando se patentó la leyenda

Hace poco más de 20 años, el duro Paraguay de Gamarra, Ayala y Arce (Chilavert lesionado) aterrizaba en Santiago con la confianza de sostener una buena campaña, sentirse un equipo sólido y con los boletos para el mundial de Francia cada vez más cerca. Amarrar un punto parecía posible y, de conseguirlo, definitivo. Chile, por su lado, sumaba poquito afuera de estos suelos, todavía tímidos más allá de Pudahuel. Pero en casa el estadio se convertía en un verdadero carnaval desde las tribunas, y en la cancha, como locales, la Roja se desataba. La mayoría de los integrantes de la Selección jugaban en el torneo local, perfilando un conjunto de rostros habituales. Nadie creía que pudiesen ser campeones del mundo, sin embargo, la galería explotaba frente a ese conjunto de ídolos de la cuadra, tallarines con salsa y tramites en Ahumada. El anhelo de volver al mundo, tras años de ostracismo, junto a la cercanía de figuras a la mano, eran el motor popular que unía al cuadro de don Nelson con el hincha nacional. Claro que dos de ellos escapaban de lo típico: el capitán Iván Zamorano y el joven Marcelo Salas. La cada vez más letal dupla de delanteros.

Bam Bam brillaba en Europa, se creía cantante y transpiraba huevos. Sí, se trataba de un 9, pero no uno vago. Zamorano embocaba por insistencia, laburo y sacrificio. El Matador, a su vez, aniquilaba de zurda, rompía con la cintura, y en un año ya había derrumbado el complejo de la cordillera, convirtiéndose en súper crack de River Plate. Un dúo de carácter y mucho gol. El complemento era perfecto: no iguales pero hambrientos.

Por esos años, dos inhumanos compartían la ofensiva brasileña: Romario y Ronaldo. En poco tiempo el planeta los llamaría, con reverencia, los “Ro-Ro”. Salas y Zamorano eran las lumbreras de una Selección de sacrificio. No fue muy difícil entonces que la relación apareciera en la mente colectiva: nosotros teníamos a los “Sa-Za”.

Aquello pudo quedar en tan sólo una equivalencia afiebrada de los medios y la gente. No obstante, antes del duelo, sin temor, llenos perso, en unas poleras blancas que usaron debajo de sus camisetas, escribieron ellos mismos lo que eran: SA-ZA. Chile ganó con 2 de Zamorano y se patentó la leyenda.

Acerca de Roberto Meléndez 391 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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