Cuando la realidad tiende a desaparecer

“La realidad tiende a desaparecer”. Nicanor Parra, quien un día como hoy hace 101 años abría los ojos delante del sol, acuñó esta frase, sencilla pero perturbadora, como todo lo que es preciso.
Hace 22 años, la composición de la realidad sufriría el precioso traspié de lo inesperado; alimento de la magia, la sonrisa inevitable, el deseo y el miedo; extravagancias del tiempo, un paisaje inolvidable y el fútbol que reúne al pueblo y expone sus sentimientos en los dados de un dios inquieto.

El papel picado que cae y el monumental de Núñez atiborrado, explota con la salida de la albiceleste. Resta esta fecha para dar por concluido el grupo A de las eliminatorias sudamericanas para el mundial de USA 1994; paralelamente, juegan Perú y Paraguay en Lima. Colombia lidera con 8, Argentina tiene 7, y Paraguay va con 5. Una victoria da 2 puntos, no 3 como ahora.

Todo parece viajar en la estela de la normalidad, el triunfo trasandino es lo que dicta el juicio razonable y Colombia debería irse a jugar el repechaje con Australia. Perú eliminado hace rato, recibe a un Paraguay sin mayores expectativas. En la garganta afilada y apasionada de la multitud, el orgullo patrio de un fútbol ganador, reciente doble campeón de américa, además de campeón y finalista en los últimos dos mundiales.

Basile está canchero en la banca, aunque fuma para sacarse los nervios, los colombianos juegan bien y se sabe. La hinchada corea el nombre de Maradona que suspendido vive el partido en la tribuna con la polera de la selección, como un hincha más. Es el divino que vive las costumbres populares, con sus vicios, mitificándolo aún más.

Arranca y el local se va con todo, a fuerza presiona y los cafeteros que aguantan. Los minutos evidencian que en el medio la batalla está espesa y que Redondo se estorba con Zapata y Simeone; Leonel Alvarez, un monstruo, se la pasa al pibe Valderrama que hace todo sencillo y su pausa crea espacios, al lado, Rincón que juega de todo: volante, puntero y 9.

Arriba Argentina es la actitud de Batistuta, quien recibe pelotazos y no se conecta con Medina Bello, quien está encerrado en la punta derecha, tímido y algo grueso. Leo Rodríguez tiene voluntad, pero termina encarando estérilmente pues se aprecia solo y sus posibles receptores están marcados. De a poco la visita se va haciendo con la pelota, enredando y complicando al favorito. Basile ya lleva varios cigarros.

Valencia y Asprilla no han tenido muchas, pero son fuertes y rápidos, estresando a un fondo argentino que resiste bien, pero que tampoco ha tomado las banderas, porque la presión inicial cedió y ya es un juego de tú a tú. Lo tuvo Valencia y al instante Batistuta, pero no es un encuentro de llegadas, aunque es intenso y falta el aire, y ahí es cuando la galería se enciende. El coro de la multitud sobrecoge, ¿qué es el fútbol sin la música del hincha?. Lo mismo que una película sin sonido: tal vez interesante, pero coja.

El ímpetu, que si no funciona desequilibra, da con Valderrama, quien tiene 3 segundos para conducir. Lo suficiente para encontrar la carrera de Rincón, quien al estilo del vigente Yaya Touré, deja en ridículo la velocidad rival, en el suelo a Goycochea y el 0-1 colombiano.

La sorpresa se instala, pero el tiempo suele ser amigo de quien domina la historia y restan 45; claro que también da un pequeño margen para rebelarse. El publico está desencajado, por el marcador pero también por el juego: Argentina es un equipo sin fluidez, que arroya por ganas, pero que se esfuma cuando debe pensar.

Comienza el segundo tiempo y a los 5 minutos, Asprilla apareció solo tras un pase largo y flotado al área: marcas en cualquier lado y 0-2.

Batistuta tiene dos seguidas, pero el joven Oscar Córdoba, demuestra que ataja. ¡Las bombas de Batistuta son para atesorar!

El descuento que no llega y Basile que quita al que mejor jugaba, Redondo, e ingresa el Beto Acosta. A la primera, casi del Beto, pero luego de eso, ya tranquilidad no queda. La tribuna que le canta a Maradona y la defensa que sí toma las banderas. El despelote es total y el lado derecho que hace agua ante la velocidad de un Asprilla que parece Carl Lewis. Así llega el tercero de Rincón; luego el cuarto es una joya de Faustino Asprilla; y el quinto que sume en un cósmico silencio a un estadio impactado, avergonzado y tembloroso. Basile sale raudo, ya sin cigarros.

Perú apenas aguanta un empate con los guaraníes y un gol de la visita deja sin mundial a la poderosa potencia. Finalmente ese gol no llegaría. Será un suspiro colectivo que nunca olvidarán del otro lado de la cordillera.

De un plumazo la vanidad y los lugares comunes de la historia quedaron rotos. Un puñado de colombianos, con buen toque y veloces, asestaban el gran golpe.
Colombia al mundial y una nación feliz e incrédula, llena sus plazas y avenidas de alegría, se han rebelado de la obviedad… junto al equipo que hizo desaparecer la realidad.

Argentina 0, Colombia 5. Un 5 de septiembre de 1993.

Ps: feliz cumple, Nicanor. Un 5 de septiembre de 1914.

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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