Cuando era el Pelusa

A veces me viene la nostalgia, pero esa verdadera, cuando me voy para atrás y no tenía nada, y era tan burro que era feliz. Yo era un pibe ingenuo, no como ahora, que camino de vivo entre la luz y la sombra. Vi que podía y lo quise todo, el resto ya es mi culpa, aunque también así fui feliz, y no solo yo.

Mis viejos peleaban por comida, es que nunca había la suficiente. Seguramente yo nací del hambre: se comieron a besos en una noche cualquiera, probablemente fría, seguramente sin nada en la olla.
Hace 57 años llegué a este mundo. Fui el quinto en la barriga de la Tota; el primer hombre. Después llegaron tres más. Dormíamos los ocho en la misma pieza, no había que moverse mucho. Por eso el día era distinto, con la calle abierta, persiguiendo trapos. Y ahí me olvidaba de todo.

Papa Noel casi nunca se dejaba caer por nuestra casa. Mi vieja decía que el que iba para el barrio era muy pobre. Y yo me quejaba de esa mala suerte. Pero igual cortaba la maleza de la entrada y le dejaba agua para que el gordo, por si pasaba, no se fuera seco. La bicicleta que le pedía en la carta jamás llegaba, pero había que ser agradecido dejara lo que dejara. Luego veía a mis amigos con juguetes nuevos, ropa nueva, y yo sentía envidia; aunque ahora que estoy más viejo, y entiendo mejor lo que es la envidia, creo que era pena. La pelota era lo mío, aunque fueran trapos.

Mi primera pelota de cuero me la regaló el primo Beto, el primo que más quise. Era blanca, blanca como la leche, y más redonda que cualquiera que antes hubiese visto. Y yo la abrazaba, no la soltaba, ¡no le daba ni botes! No quería mancharla y no dejaba de mirarla. Esa primera noche dormí con ella en mis brazos. Nunca me voy a olvidar de esa noche.

Tenía treces años y los de al frente ya salían con vecinas, y yo ahí parado, lleno de barro. Claro, las invitaban a lugares que en mi perra vida había ido. Encontré trabajo desinfectando edificios…matando cucarachas. No era un laburo muy erótico, pero era algo. Mi primera paga duró apenas unas horas: invité a comer a un boliche de buen olor a mi vieja. Las vecinas estaban bien, pero mi vieja me lo daba todo…, en realidad era poco, pero no teníamos más. Ella fingía dolor de estómago y no comía hasta que agarraba las sobras de lo que nosotros dejábamos. Lo pienso ahora y se me aprieta la garganta. Le dije que fuera elegante y se pintó los labios: ¡Nos comimos todo! Cuando pagué me sentí un tipo importante, y ella estaba contenta, tanto que no le dolía nada, incluso volvimos a casa caminando.

Con mi viejo la cosa era más difícil: él era un tipo duro, que trabajaba 15 horas y regresaba pálido, cansado, sin hablar. Yo era inquieto y a veces daba problemas. No sé cuántos amagues mejoré haciendo la finta de los puños que me tiraba. No conversábamos mucho, pero íbamos juntos a la cancha: yo lo acompañaba al Estrella Roja,
¡perdían siempre!; él me acompañaba a Los Cebollitas, y me lustraba los zapatos. Ese era su gesto de cariño, y el mensaje que me daba: en medio de la polvareda, podía brillar.

Supe por el Goyo, un compañero de los Cebollitas, de una prueba en Argentinos Juniors. Le rogué un mundo al viejo que me llevara. Después de mucho dijo, “Bueno, te llevo”. Todavía se me aprieta el corazón cuando recuerdo ese momento. La noche anterior llovía y yo le rezaba a Dios que por favor la parara, que no teníamos dinero para tomar dos veces el colectivo…¡es que si íbamos y la prueba se suspendía mi carrera se acababa! No sé a qué hora dejó de llover, pero me quedé dormido rezando. A la mañana siguiente ya no llovía, y fuimos. “Quedás”, dijo el entrenador y toqué el cielo con las manos. Volvimos a Villa Fiorito a pata, ahorrando, en silencio; él no me dijo nada, pero iba feliz. Y yo…yo creía que las cosas no iban a cambiar tanto, que se trataba de seguir jugando a la pelota, y ojalá, de esa forma, llenar la olla de la casa, hacer más piezas, arregalar el techo, traer a otro Papá Noel… #BB

Acerca de Roberto Meléndez 413 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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2 comentarios en Cuando era el Pelusa

  1. Tremendo! La vida es un juego de Fútbol corremos tras el balón imaginando que este es el éxito en nuestras vidas. lo tenemos por algún momento sin querer soltarlo. Pero la vida siempre da barridas quedándose con él por algunos momento y nuevamente vamos al frente a tratar de recuperarlo.

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