Cuando Concepción ardió

Ya han pasado 12 años de eso, una vieja agenda rescatada de la bodega me lo confirma; una vieja agenda, con el detalle del partido y una foto con ella, la mujer que más quise, la mujer que más quise hasta ahora. Sí, ya pasaron 12 largos años, aunque tal vez es poco, sus labios nunca tuvieron tiempo, mi cabeza en sus muslos resumía el significado de descansar y hacerla reír era el único pago valido que el día podía darme. Lo que sentía a su lado, lo que sentía; ni un gol, ni el mejor gol, porque no era adrenalina, ni tampoco alivio ni desahogo, era otra cosa, era ella, inmensamente su olor, su piel, sus palabras.

El plan ya estaba trazado, la mentira a sus padres confeccionada y la plata haciéndose día a día, con propinas salvando la bandeja y gritando la comanda. La idea era comernos a besos adentro de la noche, buscando ovnis, en medio del valle del Elqui. Sin embargo, no todo fue tan sencillo. El restorán no vivía sus mejores días, pero fue el único lugar que nos dio la oportunidad de trabajar y eso camisetea. Los primeros días, la cosa no picaba, pero el fútbol llegó para salvarnos y de qué forma. Se jugaría por esos días el preolímpico sudamericano sub23; sólo dos selecciones accederían a los juegos olímpicos de Atenas, Brasil y Argentina, naturalmente los amplios favoritos. ¿Chile? La roja presentaba un grupo de jugadores técnicamente interesantes, Juvenal Olmos aún no se dedicaba al baile y la condición de local aferraba la ilusión. Chile debutaba frente a Uruguay y la bendita institución del Shop de medio, no se frenaba. La barra y sus pisos ocupados, las mesas no toleraban esa velita amariconada y el pitazo inicial generó ese espontaneo y popular, “Vamos Chile conchatumadre”.

Que el Huevo Soto fuese el capitán sacó más de un murmullo de desconfianza, el chico Mark tenía crédito y Millar dejaba en el banco a un tal Mago Valdivia. Claro que la previa es la previa y una vez la cosa parte, el verso de antes vale hongo. A los dos minutos ya había una pelea en el medio del campo, qué otra cosa puede esperarse de un partido frente a la celeste. 20 mil personas decoraban Collao; hinchas del Vial, del Conce, Naval, Huachipato e incluso de Lota; la octava región representando y metiéndole weno al ceacheí. Y el equipo respondió: Bravo sacó las que le llegaron, Mark González antes de los 5 minutos la embocaba -tras jugadón del chino Millar- y el Huevo Soto acallaba a los escépticos con el segundo a la media hora. Una vez reiniciado el partido en la segunda parte, Mark se mandó un carrerón de 50 metros, dejó a todos tirados y centró para que José Luis Villanueva sentenciara. El zurdo que nació en Sudáfrica por ese entonces pisaba firme, no se lesionaba y extrañamente, era menos tímido que ahora. Lo de Chile era explosivo y con un alto nivel de versatilidad ofensiva. Olmos, envalentonado luego de un debut soñado, aseguraba que el objetivo era Atenas y no una digna actuación del anfitrión. Las propinas se multiplicaron y de pronto, todo Chile conocía al Firulais Contreras.

Luego vino Venezuela, y Chile nuevamente sacaba la tarea con otro solido 3-0. Para el tercer partido, Paraguay se quedó injustamente con uno menos y de atrás no salió nunca; los nuestros tocaban e iban por las bandas, parecía un equipo intenso, aunque en realidad de anticipo poco y la marca siempre retrocedía. Olmos miraba a Bielsa, pero lo miraba cojo. No obstante, un joven Beausejour desarmaba el esquema como media punta y Chile lo ganaba 3-2 con gol de Leal tras pared con Valdivia. Las noticias empezaban a sacar rating y de pronto el epicentro futbolero del país se concentró ya sin sombras en Concepción. Llegaron los flashes y con ello el ‘perro verde’ se puso tonto, hiperventilado y comenzó a fantasmear cambiando al equipo. Se las quiso dar de inteligente y enredó todo, aunque el vuelo estaba señalado y el estadio ya no tenía 20 mil, sino que 30 mil y toda la expectativa.

Había que ganar el grupo, así se clasificaba directo al cuadrangular final y además se podría tener un importante descanso de cara a la definición. Luis Pedro Figueroa caminaba a lo rockstar y volanteaba con la perso que daba ser el mimado de la prensa de la época. El jugador que por esos años la descocía en la U de Conce pintaba para crack. Huevo Soto masticaba chicle canchero y ya tenía el número de varias modelos.

El estadio era una caldera, hervía, al igual que el restorán que nunca antes estuvo tan lleno. Brasil siempre es Brasil y a los 10 minutos ya nos ganaba; a los 25 minutos, Olmos ya había hecho los 3 cambios: clarito. Millar, del que aseguró previo al torneo que era el tipo de volante exportable y moderno, casi su bandera conceptual, por segundo partido consecutivo no llegaba al segundo tiempo. El enredo era evidente, salvo por Valdivia, que cada vez que la tocaba pasaba algo diferente. Claro que el jugador del pueblo era el moreno Beausejour, del que nadie sabía nada, pero cómo no quererlo. En la banca siempre estuvo Suazo, aunque nunca entró durante ese torneo, el Huevo Soto era el 9 de Juvenal. Chile fue por el empate, con desesperación y al alero de la inspiración de alguno de los de adentro; de sistema, poco. Y así llegó: de un tiro de esquina, doble cabezazo de Beausejour y la pelota en la red. Locura absoluta, el estadio un carnaval y los juego olímpicos ya no parecían quimera. Chile terminó pidiendo la hora y el dueño del restorán le rezaba al fútbol. Nosotros también, porque en 4 partidos nos hicimos todas las monedas.

En la agenda aparece marcado el día 27 de enero, y en el detalle del día está escrito: ‘Chile – Argentina, viaje al norte, puta la huea’. Estaba enamorado, pero el fútbol es el fútbol y un partido importante son 90 minutos, demasiado breve como para no entregarse. Aún así, dio lo mismo: la selección llegó sin piernas pese al descanso, y sin cabeza, porque el orden se basa en la armonía de las ideas y ese fue un bien que con los días se extinguió. La cosa ya no era en Conce y Viña no tuvo suerte. Paraguay primero y luego Brasil nos plantaron la derrota y todo se acabó rapidito.

Con Argentina fue 2-2, pero no lo vi, iba viajando. Antes de subir al bus, nos tomamos una foto, es la que veo ahora, la que estaba en la agenda. Qué buenos días fueron esos del norte, también esos frenéticos en el restorán, y por supuesto esos días de enero en que Concepción ardía y el fútbol hizo respirar algunos sueños, pese a su final, aunque estuviera Juvenal. No vimos ningún ovni, pero ardimos, así como ardió Concepción durante ese preolímpico del 2004. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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1 comentario en Cuando Concepción ardió

  1. Pensé que era el único que había vivido una experiencia de locura romántica aquel verano de 2004,tenía 15 años en aquel momento y una chilena del Sur me hizo por un momento mirar de reojo aquel Preolímpico, amo el fútbol, pero aquel 2004 me marcó por aquella mujer!.Soy argentino, y aquello fue doble alegría, la obtención del campeonato y por otro la aventura maravillosa que viví con la piba. Ella de Santiago yo de Argentina, nos encontramos en el sur chileno. QUE VIVA EL FUTBOL Y LAS MUJERES

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