Chile vuelve a la carga…y recupera la autoestima

La selección chilena tal vez no se jugaba la clasificación anoche, todavía restan doce largas fechas, pero había que reengancharse, cambiar el sentido de la inercia. No era simplemente una mala racha, se trataba de un contexto y de un ambiente que revolvió la estabilidad; Jadue, Sampaoli, las derrotas. «La Roja» en un par de meses parecía estar pasando del momento estelar de su historia, a la especulación, los rumores y las dudas. De afuera hacia adentro, la cancha consumía el entorno, así el juego pasaba por ráfagas, desconcentraciones y el fastidio. Ganar era apremiante para sacudir en parte la energía, reenfocarse y no perder el tranco camino a Rusia.

Así como el debut a Pizzi le presentó un rival duro por origen, en su segunda intervención llegaba la oportunidad de redimirse. Venezuela ya no es la ‘cenicienta’, pero tampoco vive su mejor momento. Chile en el calor y la humedad de Barinas salía a calmar los demonios, traerse los tres puntos y devolverse la autoestima.

Un himno con audio de Kermesse colegial nos dejó plantados a todos y a Gary lleno de pica. Los jugadores estaban tensos, con una ansiedad evidente, y eso en el pasto se nota: descoordinaciones, reclamos al viento, rostros ofuscados. Silva retrasado diez metros en su posición llegando tarde, Gutiérrez desesperantemente poco intenso, Vidal reclamando y sin pase; un mediocampo desenchufado y Venezuela que aprovechó esos espacios. La «Vinotinto» con toque y velocidad, usaba los lugares en el medio, ganaba los rebotes y las segundas pelotas. Desde atrás se apagaba la angustia sin calma, y en la inversa, sin sorpresa; Chile salía al pelotazo, o muy lento. En medio de 30 minutos iniciales bastante malos, un tiro libre extraordinario -con un Herrera ingenuo y desconectado- puso la ventaja del local y la idea de que lo peor ya se nos había instalado como tendencia, y que el pasado reciente se consolidaba como recuerdo. Pero estaba Alexis… y Pinilla.

Alexis Sánchez no ha tenido la mejor temporada de su carrera: lesiones, menor confianza en el disparo al arco y exageradas vueltas sobre si mismo. Alexis, un jugador que comenzó a evolucionar una vez comprendió los tiempos del juego, vive maniatado en la zona de izquierda del Arsenal, sacando centros y corriendo 15 veces por partido más de 50 metros. Sánchez necesita de incidencia, participar, así crece. Anoche escupió la mordaza del costado, y sin cadenas se echó el equipo al hombro. Desde su habilidad apareció el juego de Chile, supo hacerse el eje y cambió el ritmo. Con desplazamientos indistintos, giros de maravilla y gambeta útil, inclinó el estadio, generó el nervio rival y propuso los tiempos para que el resto de sus compañeros avanzaran. Y avanzaron.

Dentro del manoseado lenguaje futbolero, el número ‘9’ vive en permanente debate. Ya sea por estereotipo, por estilo de juego, o por carencia de protagonista. La posición de centro delantero es eso, una posición… que debe ocuparse, estrujarse. Pinilla, un delantero espigado, con talento en los pies y que cabecea con los ojos abiertos, se presentaba como el arma y con animo de revancha. Mauricio huevió todo lo que pudo y quiso, durante muchos años se auto boicoteó, pensando más en la imagen del futbolista sin estoperoles que con ellos. El tiempo lo acomodó en su lugar, sin pena ni gloria. Pero Pinilla es vanidoso, no quiso renunciar a su propia idea de si mismo, y esta vez ya con algo más de humildad, se puso a entrenar: salieron los goles, se lesionó menos y revitalizó una carrera que se creía perdida. Por la selección mucha historia no había tenido, salvo su imagen vende prensa, frases grandilocuentes, anteojos caros y el puto palo en Brasil. Pero ahí estaba, atento a una oportunidad, sin quejarse. Pinilla había dejado de ser un pendejo y jugó el juego del soñador: lucharla, aunque se caguen de la risa de ti, y la que se presente, tomarla. 33 minutos, perfecto tiro de esquina de Alexis y Pinilla remata la bomba aérea: 1-1, golazo.

Tras el empate, lo mejor de Chile. Alexis desbordando, imparable. Lo tuvo Vidal, luego nuevamente Pinilla. El costado derecho comenzó a desplegarse, la presión funcionaba y las famosas triangulaciones causando efecto. Venezuela terminó pidiendo que el primer tiempo se acabara.

Tras el descanso, Chile volvió con electricidad, sin ser arrollador. Esa dinámica bastó para que Beausejour aprovechara un caramelo de la salida rival y centrar donde se le tiene que centrar a un ‘9’, el ‘9’ estaba ahí y chao. Pinilla por dos. No marcaba en partidos oficiales desde hace 12 años, pero ahora el jugador del Atalanta se llevaba los flashes, el doblete y el partido se daba vuelta. Decir que el campeón de américa estaba de regreso suena pretencioso y ya fuera de contexto, pero el equipo fue al frente y mostró personalidad. Sin hacer demasiado, mucho de automático, pero lo justo es lo justo, y con centro delantero se pagaba por los flagelos recientes.

Venezuela lo buscó, intentó y mandó todo para adelante; suficiente para que Orellana se diera cuenta al fin que encarando a veces es más rápido, Vidal solito y adentro. Arturo, que fue de menos a más, cerraba el partido. Para que el moño fuera lujoso y la sonrisa tuviera estela de orgullo, una pared entre los cracks y la boleta. Alexis, Vidal, Alexis, Vidal, y eso para cierto nivel es demasiado. Tenían que mostrar los galones, aparecer, y aparecieron. 4-1 y Chile que toma aire nuevamente.

Pizzi celebró con todo su primer triunfo, aunque sin escandalo pues queda mucho, pero tiene pasta en el campo. Alexis maravilló nuevamente. Pinilla se refundó. Chile vuelve a la carga y recupera algo exageradamente valioso para cualquier objetivo importante y el trajín del día a día, la autoestima. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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