Chile – México, una caída que limpia la cabeza

La selección chilena dispuso de dos amistosos previos al inicio de la Copa América Centenario, pero pese a que ambos encuentros concluyeron en derrotas, la expresión futbolística del equipo distó bastante entre un partido y otro. Es cierto, un análisis es imposible que tenga prescindencia del resultado, sin embargo, reducirlo exclusivamente a ello sería mutilar la comprensión sobre la riqueza y la propia profundidad del juego.

Contra Jamaica se vio un Chile frecuentemente desorganizado; una defensa de escaso anticipo, un mediocampo sin mucha intensidad y un ataque claramente aislado de cualquier desarrollo armónico. El fútbol es un deporte que necesita concentración y eso el día viernes en “Sausalito” no se apreció. Por momentos observamos a una selección reflejando viejas ingenuidades y, todavía peor, a un conjunto de energías dispersas.

La evolución que ha tenido “La Roja” en los últimos años se ha basado en tres aspectos fundamentales: el progreso en su capacidad física (una visión magistral de Sulantay en su momento, que por supuesto Bielsa y Sampaoli aprovecharon y maximizaron); un plan de juego atrevido y protagonista que obtiene completa recepción de los jugadores (también de buena parte de la hinchada que se aburrió del estilo acomplejado que por tantos años nos rodeó en clara prolongación cultural); y, relacionado con lo anterior, la suma de un sistema que soporte y beneficie el talento individual. Sí, una individualidad definitivamente marca diferencias y es importante nutrir ese aspecto arrojado -larga vida a la gambeta-, pero si esta se adscribe a una organización de juego no solamente fluye, también hace más sorpresiva y con mayores efectos la rebeldía frente a esa misma organización. Ahora bien, para que un sistema exista necesita además de trabajo, seriedad y concentración. Por eso el juego contra Jamaica dolió, ensució la cabeza, porque la sensación de involución frente a este tercer aspecto fue claro y real, por más que se tratase de un amistoso. Además la presencia de Pizzi en el banco genera en sí misma el rotulo de prueba, y el examen tiene una comparativa exigente. El técnico lo sabe y no necesita que nadie le haga cariñito cuando el equipo juegue mal.

Anoche frente a México las conclusiones son distintas, más allá de haber perdido. Chile supo dominar durante gran parte del encuentro a un rival que presenta una de las mejores condiciones físicas del continente, reduciéndolo en su campo sin dejarlo explotar esa capacidad. La selección fue capaz de someter con la pelota al piso, presionando y recuperando rápido, asociándose por todos los sectores de la cancha, con los laterales siempre pasando, con una pareja de centrales que jugó tranquila y posicionada bien adelante (lo que se tradujo en un equipo corto y flexible), y luciendo un trío de volantes sincronizados y complementarios, afirmando una vez más que entre Díaz, Aránguiz y Vidal componen probablemente el mejor triangulo de América. Añadiendo en especifico el factor Vidal, quien realmente le entrega otro carácter y adrenalina al equipo. Aun así, no fue suficiente y la escases de gol definitivamente tiene que preocupar. Alexis hizo un partido interesante, siempre moviéndose, encarando, llevando peligro, pero no fue capaz de definir las que tuvo y eso cuesta a un alto nivel competitivo. Puch tuvo dos, pero careció de fe y a Castillo le faltó la pimienta y la movilidad que sí tuvo contra Jamaica.

Tras los cambios de Díaz, Medel, Vidal y Sánchez, a Chile el partido le terminó quemando, demostrando que el rol protagónico es concentrado y dependiente, pero esas son limitaciones no atribuibles a Pizzi. Nuevamente una pelota cruzada que terminó haciendo daño: Fuenzalida no cerró, Jara nunca miró al jugador -básico- y Chicharito de cumpleaños la mandó a guardar.

Una derrota inexacta con el desarrollo del partido, pero que exige ser ponderada tanto con los errores defensivos y la falta de finiquito, como en la recuperación de ese sistema que permite ser competitivos y finalmente llegar con expectativas a este torneo. Se perdió, pero fue un paso recuperado y de a poco se afilan los colmillos. El gol debiese llegar (olvidarse que Eduardo Vargas tiene 25 goles por “La Roja” no es una idea inteligente), este equipo no va dejar de insistir y de intentarlo, al menos ayer el estilo volvió a ser el que nos identifica y el que nos hace creer que de paseo no andan.

Pizzi debe ahondar en los beneficios de todo el trabajo que estos jugadores han ganando como grupo a lo largo del tiempo, además de enfatizar en la concentración como punto esencial de todo equipo intenso y con expectativas de ganar. El factor Vidal tampoco es cuento. Y el gol quizás está más cerca de lo que se cree.

El debut de este lunes contra Argentina es bravísimo, pero Chile – México fue una caída que limpia la cabeza. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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