Castellón a la selección

Hay quienes creen que el puesto de arquero es una excusa aburrida, que mientras todos se mueven y persiguen la pelota, él está detenido, en una zona atrasada, observando la entretención de otros. Pero eso es un error. La vivencia del fútbol no está sujeta únicamente al constante desplazamiento del cuerpo, la construcción del juego también se desarrolla con la vista, y pocos tienen mejor panorama para alcanzar la comprensión del siguiente paso, de los nudos, de los espacios. Hacer fútbol es pensarlo, y un arquero eso hace, arrastrando sus dialogos personales que a ratos escupe ordenando a los suyos en posición defensiva, mientras aguarda por el éxtasis definitivo, cuando el balón se acerca al área, y en su rol antipoeta, contiene su respiración para aplacar un grito de gol. Ahí vive el portero, aparentemente quieto, en múltiples dimensiones, en la contracorriente, un poco loco.

Jugar con la manos vive en el ostracismo de las intenciones generales, “el malo al arco” es una frase continua, perversamente generalizada, y en muchos casos cierta. No obstante es uno de los primeros acercamientos de la infancia: no hay pelotero que no haya sido arquero, maltratado a pelotazos por los más grandes, construyendo costras en las rodillas que simbolizan calle y crecimiento. Alguna vez volaste, tapaste y el escalofrío recorrió tu sangre. Además es una función fundamental, un buen portero te mantiene o te liquida, junto a la gloria está el precipicio. Pocos lugares son más expuestos. Y es excluyente, exclusivo, pues solo juega uno, no hay más. Se debe tener cuero.

Ese camino pedregoso reclamó tomar Gabriel Castellón. Seguramente con el apoyo tibio del entorno, fantaseando quizás qué cosas mientras iba arriba de la micro desde el cerro Ramaditas hasta Mantagua. Probablemente, el máximo sueño era simplemente jugar, porque el embudo es demasiado delgado. Y en esa ruta empinada, ese flaco con cara de conejo, perseveró. Siempre arquero, siempre en Wanderers. Algunos dudaban de su carácter, amparados en el prejuicio estético de un rostro poco choro, poco porteño. Sin embargo, Gabriel crecía, se volvía cada día más alto, y los guantes no se los sacaba. Existe una instancia que divide a los humanos: tomar decisiones. Amoldados a memorizar y seguir el puente rutinario de lo servil, la libertad de escoger parece empolvada, pero está. Castellón escogió y no dudó en comenzar desde la nada, para así quizás construirse. Al menos intentarlo, reclamar una oportunidad en la selva del tiempo. Agarró sus cosas y se fue a tercera división, con apenas 18 años, pues sabía que en su club oportunidad no tendría. Llegó a Deportes Colchagua, una institución humilde pero que creyó en un joven que intuía aptitudes en las inferiores nacionales. Y jugó. No tanto como esperaba pero salió a la cancha y mostró condiciones. Fue en ese momento, sin su familia al lado, con chauchera más que billetera, que se aferró a lo único que sentía verdaderamente propio y suyo: atajar.

Regresó a Wanderers y fue uno de los líderes del equipo campeón sub19 del año 2013. Luego de eso, lo subieron al primer equipo. Como tercer arquero. El primero era Viana, quien se lo había ganado a sudor; el segundo el hijo del presidente de Santiago Wanderers. Gabriel Castellón, igualmente, entendía que era una etapa necesaria por vivir.
Un día, en un juego contra La Calera, Viana se lesiona; entra Lafrentz jr. Probablemente nunca se ha visto peor arquero en las canchas nacionales. Al partido siguiente, ¡Lafrentz jr hizo un autogol olímpico! Tiro de esquina de Católica y rechazó para el otro lado: la metió adentro, al ángulo. Luego, en el clásico con Everton, fue un colador sin malla nuevamente. La presión popular y de los medios hizo que finalmente llegara la oportunidad de Castellón. Al frente, nada más y nada menos, Colo Colo en el estadio Monumental. Cosas del destino, la noche anterior al encuentro, en Valparaíso todo se empieza a quemar: un voraz incendio se expandía por los cerros. La ANFP, por supuesto, no lo suspendió, había que respetar el calendario, como en Europa. Castellón esa tarde jugó para emocionar. Su equipo cayó derrotado 1-0, pero él lo tapó todo, demostrando coraje y una humildad gigante al salir al campo de juego y hacer su papel, aunque fuese un novato, con la concentración de un profesional dedicado, entendiendo que la respuesta era darlo todo por su gente de la mejor manera que podía: atajando. Esa tarde se ganó el mayor premio que un futbolista apasionado puede pretender: el respeto de su hinchada.

Castellón hoy tiene 23 años, es capitán de su club y de un equipo joven. No es el mejor arquero del mundo, todavía tiene que mejorar con los pies, cubriendo el juego aéreo, etc. Pero son cosas que puede perfeccionar si se mantiene dedicado y convencido. Su achique es correcto y va seguir trabajando. Pese a medir un 1.90 llega bien abajo, es plástico, de atajadas pal flash aunque de cierta forma sobrio. Él no representa al chileno que triunfa en la capital y va de ganador a la disco de moda, o al que viene de afuera y acelera su auto polarizado; más bien representa el sustrato típico del futbolista de todos los alrededores que lucha por una oportunidad. En su caso, como arquero.

A comienzos de año se fue a la banca por la presión de los directivos quienes querían que renovase por migajas. Resistió. Y hoy, tras todo, es seleccionado nacional.
Castellón es un tipo que simboliza la cualidad de la carencia que a veces no se recuerda en Juan Pinto Duran, y esa experiencia presente nutre al conjunto. Y para él la vivencia de que te dispare Alexis, Vidal, Aránguiz, sin dudas, será un alimento indispensable para más adelante. Sí, no va jugar un misero minuto, pero eso no es lo importante, y tampoco acaba ahora. En la selva del tiempo, contra el fuego, ya sabemos que tiene cuero. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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