Bonini y la diagonal de Carlos Heller

La Roja ha hecho partido, presionando en todo momento a un equipo que ha venido poco a poco agrandándose en el concierto sudamericano. Bielsa, eufórico, desde la banca empuja a una más, sólo queda un minuto de juego. Gary Medel está en campo contrario, al igual que el resto de sus compañeros, quienes todavía tienen aire y piernas para seguir intentándolo; el local se aferra al punto como puede, el empate a dos les sabe a premio y ya poco importa la estética, de “puntazos” para adelante también vale. Sin embargo, el convencimiento de la visita es absoluto, y es en esa frecuencia apasionada que el “Pitbull” la recupera; cede para Alexis, este para Suazo, el “9” nacional no lo duda y remata un escopetazo cruzado al borde del área: golazo y todavía quedan fuerzas para gritarlo. Bielsa es el único que no lo hace, está exhausto, camina a la banca a tomar un poco de agua, luego se sienta y tras respirar un par de veces por la boca, escucha el pitazo inicial. En cuatro días Chile sacó la tarea adelante de llevarse los seis puntos, primero en la altura de La Paz, ahora en Venezuela. Lo hizo jugando, proponiendo, con mucho orgullo…y corriendo. “El Loco” lo sabe y se acerca a su preparador físico, el carismático Luis María Bonini, lo felicita especialmente, “gran parte es merito suyo”, diría posteriormente en conferencia de prensa.

Es cierto, muchos nos enamoramos de la forma en que jugaba el Chile de Bielsa, aún con sus problemas defensivos; es que de pronto la premisa era atrevida, sin temor en ser agresivo y era, tal vez, esa osadía la que finalmente eclipsaba al maldito complejo acostumbrado. La Roja se ponía en la onda de los tiempos, incluso se podría decir que en algún aspecto generaba la vanguardia, y eso de ir de frente ya no era un mero verso. Pero no se trataba simplemente de jugar con tres delanteros, el requisito esencial era lograr sostener la intensidad, desdoblarse en funciones, en resumen, tener capacidad física. El gran merito de José Sulantay fue aquella observación inicial, que Bielsa supo aprovechar porque así también funciona su idea. Por estos lados gustaba la reunión de talento, pero un sistema funciona con movimientos y la preparación ofrecida por Bonini por supuesto terminaba siendo clave, lo que no pasó desapercibido, ganándose un merecido prestigio.

El presidente de Universidad de Chile, Carlos Heller, es un tipo hiperactivo, ambicioso, pero por sobre todo, involucrado. Y no estaría demás agregar el mote de “desagradable”, y no porque sea un mal tipo, pero se ha convertido en el canapé de todas las páginas sociales: evento que hay, él es el dueño. Antiguamente los aristócratas repartían su infinito tiempo en diferentes actividades, así no era anormal ver como un mismo sujeto podía ser ingeniero, pintor y poeta. Hoy eso lo hace el dinero, y Heller es principal accionista de casi todo lo visible: canal de televisión, autos de rally, Club Hípico, ropa, comida, un largo etcétera y, obviamente, también un equipo de fútbol. Ahora bien, más allá de eso, que por supuesto habla a las claras del nivel de concentración que tenemos en el país, el tipo es hincha y no vamos a negarle esa preciosa cualidad. Pero ser hincha e ir al estadio no te hace saber de fútbol. Sí, es un deporte sencillo, pero interpretativo, y es esa interpretación la que debe tener aparte de lucidez, coherencia. Heller, sin embargo, no ha tenido ni lucidez ni coherencia, y lo que es peor, ahora maquilla y va por la diagonal, como si esto se tratase de uno más uno y listo.

Carlos Heller presagió en Beccacece al heredero del fútbol de Sampaoli, no obstante cayó redondo en la emoción de asegurar un buen negocio; el olfato le ganó a la prudencia y se comió un marrón de 800 millones de pesos. Beccacece, un hombre entusiasta y conceptual, adolecía del carácter y la templanza para gobernar un camarín, pero lo que es aún más grave, tampoco desarrolló eso que tanto le gusta decir, “la forma”. Tanto en los resultados como en lo observado el técnico debutante fracasó. Esto no significa que aquello no pueda enmendarse, pero el salvavidas brindado por Heller y su directorio no sólo sacude su legitimidad, también cuestiona su propia idea de respeto. El miércoles Carlos Heller anunció el fichaje de Bonini en Universidad de Chile para reforzar el aspecto físico y todo lo demás. Es decir, Bonini llega a reforzar las precariedades del técnico en cuestión, quien no es despedido porque sale muy caro. Y Beccacece, sin demasiada dignidad o tal vez con desmedida tenacidad, se aferra a su puesto aceptando la condición de mero peón de la institución.

Sólo el tiempo dará la respuesta, finalmente con resultados evaluamos, mientras tanto, a esperar que sale de todo esto. Seguramente Universidad de Chile correrá más, pero quedan bastantes dudas si será orientado o no. A Juzgar por las erráticas decisiones del adiestrador el semestre anterior, y la extraña diagonal de Heller para salir del paso, es confuso; como la relación de autoridad misma que coexistirá entre el técnico y el nuevo preparador físico. Además, Bonini ya no tiene a Bielsa al lado. Por ahora se ahorraron el despido, y en esa línea el presidente de Universidad de Chile parece ser inflexible, sin duda de eso sabe más que de fútbol. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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