Bati sigue teniendo clase

Un recado para los marcianos de la Selección Argentina que lo vieron entrar al camarín y no le dieron “ni pelota” (¡NI PELOTA!), como él mismo señaló. Su nombre es Gabriel Omar Batistuta, BATIGOL. Y este sí que tenía clase.

Bueno pal diente como pocos, de juvenil en Newell’s se topó con un Bielsa joven y demonio; el pobre Bati lo único que quería era morfarse un alfajor, pero el Loco lo tenía dándole y dándole fierrazos al arco. Esos fierrazos eran terribles, ¡enterraban al viento! Si lo sabremos por estos lados…
De Newell’s pasó a River. En la banda sangre lo echaron a patadas, cosas del fútbol, y cayó, adivinen dónde: en Boca. ¡Cómo celebró ese gol el Bati! Ah, no, si no iba a clavar, y cuando el clásico argentino era “el Clásico”, no el pan duro de ahora.
Ganó dos Copas América, y no haciendo un gol cagón de primera fase, no, haciendo goles importantes, en las finales. ¡Pum!, derechazo y la malla se arrugaba. Y de zurda, también tiraba arquero y todo pa´ adentro. Y de cabeza, pfffff …

Mundial que jugó, mundial que mojó.

Amo y señor de la Fiorentina, un equipo pequeño, pero en esos días arrimado en la pelea oscilante del mejor torneo del mundo. Y na que pobrecito, juega en equipo chico: veinte goles por temporada y más. Nueve total. Pero no el de esa idea pasta de un rebotero sin gracia esperando en el área, al contrario, siempre ofreciéndose, mostrándose…¡Pateando de cualquier lado!

El presi de la Fiore le mentía año a año: “Bati, la próxima temporada te rodeamos bien y vamos por el título”. Y el Bati, que se sentía en casa y querido, le creía. Batigol no iba en la pará del mejor del mundo, ni renegociando contratos cada seis meses; cuando partió en el fútbol, lo suyo era “ojalá que me alcance para vivir”. Se hizo mierda los tendones y las rodillas, por amor al juego, y por sed de triunfo. “El hincha se debe ir contento, si no es por ganar, porque lo dejamos todo”, tiraba como principio fundamental. Hasta que se cansó de las chivas y con el dolor de su alma dejó Florencia para ir a Roma.
Junto a Totti fue campeón, y también goleador.

Ya retirado entró a saludar a quienes hoy visten la camiseta que él con orgullo defendió, y por la que lloró a vista de todos tras fracasar en la Copa del mundo 2002. Los muñecos miraban su Instagram, mientras el mítico ‘9’ extendía la mano. Algunos no tendrán memoria y se chuparan el dedo con sabor a un vano ego. El Bati, bueno, el Bati tuvo y sigue teniendo clase. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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