Algunos párrafos para un goleador de la ‘puta madre’: Marco van Basten

Por esos años, cuando Maradona monopolizaba la fascinación futbolística del mundo, el insustituible rol del goleador tenía una referencia inseparable: Marco van Basten. El holandés, nacido en la rutina apacible de Utrecht, llegó con 17 años al coloso de su país, el Ajax. Flaco, cara de pollo y campesino, se creyó que sería un paso difícil, un obvio proceso. Nada de eso. Tenía tanto carácter que debuto en 1982 sustituyendo a la leyenda futbolística tulipán, Johan Cruyff. Fueron veinte minutos, suficientes para madrugar a una defensa que no lo tenía demasiado en cuenta y clavar su primer gol como profesional al poco rato de haber entrado a la cancha; fue un cabezazo cruzado al segundo palo, con los ojos bien abiertos, entrando con fuerza desde atrás. Un gol de 9. Un gol de 9 canchero. Y lo celebró sin prudencia, con rabia, haciéndose notar. Sentenció desde ese momento su camino.

Fueron cinco años en que lo ganó todo con su equipo en el ámbito local, también una Recopa europea. Y si bien Holanda vivía un momento de oscuridad a nivel de selección, y la liga neerlandesa tampoco presentaba gran referencia, el rumor de la vieja escuela seguía clavando y el nombre del goleador, día a día, agarraba más cuerpo en las crónicas internacionales. Las imágenes no siempre llegaban, pero las palabras no amainaban el reconocimiento de su figura. Además, para los escépticos, estaban sus números, anotaciones que lo destacaban como el más efectivo del viejo continente.

Uno de quienes no pudo escapar al especial embrujo de los goles fue Silvio Berllusconi, magnate italiano, licencioso, bueno pal mambo y dueño del AC. Milán. Por 2,5 millones de dólares sobre la mesa se lo llevaría. Un monto considerable para esos tiempos, pero no la barbaridad que se paga hoy por un delantero de ese nivel. Hecho el negocio, la rentabilidad sería infinita. El club rossonero, que venía de una seria depresión, retomó el vuelo con van Basten como la joya que sabía definir el resto del tramado. También llegarían desde Holanda Rijkaard y Gullit. Y junto al técnico Arrigo Sachi, quien modificaba el estereotipo italiano y jugaba con violencia ofensiva, se transformaron en el equipo más poderoso del mundo; no un año, varios. No se puede dejar de mencionar a Franco Baressi, un defensa que definía el ritmo de presión del equipo con una simple mirada.

Milán lo ganó todo en Italia y en Europa, y Marco van Basten se consolidó como el mejor artillero de Europa, obteniendo todos los galardones conocidos. Y varias veces.

Mühren corre por la izquierda, se viene el contragolpe. Es la final de la Eurocopa de 1988. A su lado va Gullit como una fiera. Gullit es un volante físico, de ida y vuelta, con gran técnica. Pero no lo busca a él, reduce el tiempo y manda el centro. Es una coliflor volando, sin medida. En el área está Marco, el gran goleador. Persigue la verdura; está en la esquina del área, no la deja caer y suelta la volea sin pensar, como ejecutan los cracks del área cuando no hay tiempo. Se transforma en balón, se transforma en golazo. La clava al segundo poste, en parábola perfecta. Rinus Michel, el legendario técnico de la Naranja Mecánica del ’74, se lleva las manos a la cabeza, porque parece inverosímil, pero la pelota ya está abrazada a la red. 2-0 y la lapida para la Unión Soviética. Holanda campeón. El joven de 24 años toca el cielo en el olímpico Múnich.

5 años después, en el mismo estadio de la épica final con Holanda, tras apenas veinte minutos en cancha, Marco van Basten, la gran estrella del fútbol mundial, sale de la final de la Champions League. Su equipo cae ante el Marsella, un cuadro que vive el apogeo que brinda una buena chequera. En la banca llora la derrota, también el dolor de un cuerpo que ya no le responde. Lo ha dado todo, pero sus tobillos no se tienen en pie y las operaciones han sido fatales. Ya son años de jugar limitado, con el ceño fruncido, aunque ha sabido disimularlo bien, tanto que meses antes había sido escogido como el jugador del año en el mundo, pero ese sería el epilogo de todo. Nadie podía saberlo. O tal vez sí, porque sus lesiones lo acecharon desde 1986, cuando descuidó la importancia de un buen tratamiento y del descanso. Mejor dicho, nadie quería creerlo.

Marco van Basten nunca más jugó un partido de fútbol. Trató, quiso por todos los medios, pero el cuerpo nunca más dio respuestas. Lo tuvo todo: técnica, potencia, buena velocidad, frialdad frente al arco y carácter. Pero su físico se desgató prematuramente. Y perdimos al gran crack de una década.

Un día como hoy, hace 21 años, tras dos años de batallas, dijo basta y se retiró oficialmente del fútbol. Fue un adiós prolongado, difícil, triste…y fuera de las canchas. Marco van Basten no tuvo un retiro como merecen los grandes, por eso un par de rápidos párrafos es lo minino que merece. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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