ALEXIS SÁNCHEZ AL MANCHESTER UNITED: VIVIR EL CUENTO

Hasta que finalmente se hizo oficial: Alexis Sánchez, tras tres años y medio vistiendo la casaquilla del Arsenal, se mudará trescientos kilómetros al norte, a Manchester, para jugar en uno de los clubes más populares y poderosos del planeta fútbol, el tradicional y archiconocido Manchester United. Por historia e influencia contemporánea, no hay espacio para dudas, hablamos de un gigante.

Hace cinco meses el atacante chileno tenía todo listo para partir; en esa ocasión, no obstante, su destino iba a ser el Manchester City, vecino y eterno rival de su nueva institución. La operación parecía sellada, eran muchísimos millones a la cuenta corriente de los “Gunners”, quienes, además, se jugaban la última posibilidad cierta de rentabilizar el valor de mercado que Alexis tiene. Incluso el mismo Sánchez en Chile confirmó a sus compañeros de Selección, previo al duelo con Paraguay en agosto pasado, que sería pupilo de Guardiola y compañero del Kun. Sin embargo, Arsenal, en un arrebato de orgullo institucional y quizás también como señal moral para sus hinchas y la temporada venidera, a última hora, decidió dejar huérfanas las negociaciones por su mejor jugador. Alexis, a regañadientes, debió quedarse. Esa misma noche, en el Monumental, jugó uno de sus partidos más discretos por la Roja. Había sentido el golpe. Y su permanencia en Londres solo dilató el desgaste.

¿Por qué Alexis quería irse del Arsenal?

La principal causa es, y él lo dijo en más de una entrevista, la falta de ambición deportiva del club. Aunque lo decía en chileno: “Nos falta creernos el cuento”. Ahora bien, sería altamente injusto y equivocado desconocer el profundo crecimiento que han tenido los cañoneros desde la llegada de Arsene Wenger en septiembre de 1996. Tres Premier League, otras tantas copas locales, una final de Champions y equipos inolvidables, es el palmarés en los últimos veinte años del conjunto del norte de la capital de la isla. Pero aquello, cada día que pasa, se vuelve más lejano. El estilo de un técnico al que le ha costado renovarse frente a la pulsión obsesiva del pressing actual, sumado a la conformación de planteles desequilibrados, con una alta dosis de flaqueza en partidos trascendentes, han hecho del Arsenal un equipo vistoso a ratos, pero blando de pera en la exigencia decisiva. Y esa cadencia frente al triunfo relevante, poco a poco, a Alexis terminó por desesperarlo. Y eso, para bien y para mal, se terminó expresando en la cancha.

Cuando Alexis arribó a Arsenal, uno de los principales objetivos que asumimos tras su partida del Barcelona fue, y por mucho, la misión de que asumiera un rol protagónico y estelar en un club importante de Europa. Y lo consiguió de inmediato. Su juego impactó en breve a la Premier League, dejando en el delirio a comentaristas e hinchas, junto a los elogios diarios de su técnico. Su camiseta, en breve, se convirtió en la más deseada por los fanáticos. Hubo una evolución en la estatura de su implicancia en el desarrollo del juego. Pero para quienes hemos seguido buena parte de su campaña en Inglaterra, en reiteradas ocasiones no bastaba con las filigranas y ese natural y tan de potrero espíritu de lucha que impregna en la cancha. No puedo olvidar un tibio empate -con gol de Alexis- en cancha de Tottenham que alejó, definitivamente, a ambas escuadras del Leicester, el posterior épico e inesperado campeón. Fue un empate burdo y milagroso, lleno de errores defensivos (para variar), con cambios que cuidaron el empate y con jugadores que se abrazaron luego de la igualdad. Y mientras los compañeros de Alexis mostraban esa decencia deportiva europea que roza con la indiferencia, Alexis salía del campo de juego solo y puteando; a nadie, a todos. Era un arrebato, claro, pero también sangre en las venas, obsesión por el juego, deseo de más. Bueno, de cierta manera, una expresión propia de cómo se viven los minutos en este lado del mapa.

A ratos su incomodidad con el juego del equipo se externalizaba demasiado, contagiando nerviosismo e irritando a más de uno. Pero es innegable que siempre trató de dar el máximo, entrenándose a toda marcha, “de manera sobresaliente e incuestionable”, como confesó hace un par de días Arsene Wenger; correteando por toda la banda; pidiendo la pelota siempre; anotando golazos; inclinando la tensión. Y este otro contagio fue mucho más extenso e importante. Al partir, buena parte de la hinchada cañonera lo sentencia como un traidor y un mercenario, pero antes y donde vale, en la cancha, el lugar en que un futbolista habla su lenguaje más sincero, supieron amarlo. Seguramente él se va agradecido, porque como jugador creció.

Alexis no le debe respuestas a nadie, salvo a las expectativas y anhelos por los que siempre ha luchado; y al fútbol, desde la cancha de tierra y la pobreza pa adelante. En él -como con otros- logra simbolizarse un viejo e ingenuo lema patrio nacido desde el fútbol: “Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”. El tocopillano quiere pelear títulos, jugar los partidos importantes, dejar huella en el viento de la memoria con sus gambetas. Lo quiere desde que jugaba sin zapatos, disimulando los ronquidos del hambre gritando gol en una pichanga de arco peleado. Porque cree que puede y todavía tiene un poco de esa alma onírica de cabro chico. Y porque también ha madurado, y sabe que el tiempo marcha a toda velocidad: ya no es el “niño maravilla”; ya no es un niño. En Arsenal la etapa estaba cumplida.

Algunos se centrarán en los millones que obtendrá, y con recelo analizaran en frío números que agreden. Pero el futbolero de cepa es pecho caliente, no saca cuentas de banco, más bien, se calza los zapatos y se proyecta un ratito en Alexis; amagando en Old Trafford, tirando la talla con Zlatan, preguntándole alguna anécdota a Bobby Charlton, recibiendo los aplausos de George Best desde el infierno.

Manchester United hoy no convive con la gloria de hace algunos años cuando el emblemático Sir Alex Ferguson se sentaba en la banca. Es más, actualmente el liderato y el buen juego están del otro lado de la calle, en ese que pudo ser su equipo, el Manchester City. Frente a lo mismo, una de las críticas que algunos han realizado durante estos días es por qué no esperó una nueva oferta de los “Ciudadanos”, ya que ahí, aseguran, sí ganaría los trofeos que busca, obviando que el decreto del futuro nunca está decidido, por más que el proyecto de Guardiola sea vistoso y macizo. Eso es subestimar al fútbol. Y a la Premier League. Y también al Manchester United, un viejo conocido que no se hizo hace cinco minutos en el lavado del petróleo.

Poco a poco, de la mano pragmática de Mourinho, los Diablos Rojos se están volviendo una escuadra más competitiva de lo que fueron con David Moyes o Louis van Gaal. Ya el año pasado ganaron la Community Shield, la Copa de la Liga y la Europe League. Y en esta temporada, aunque a distancia, marchan en segundo lugar de la Premier, además, en febrero disputarán los octavos de final de la Champions frente al Sevilla, llave en la que Alexis aparecerá en plano estelar.

Al United le faltaba un jugador disruptivo, hambriento y refrescante como Alexis; un nuevo comandante del contragolpe y maestro chasquilla de los espacios; un eje que haga de siete, nueve, diez, once y no se borre. Y a Alexis, claramente, le faltaba un equipo con los objetivos del United. Con el peso del United. Eso lo sabe Mourinho, quien no ha dudado en derretirse al hablar de él; también lo sabe la dirigencia del club, que apostó por darle el estatus del mejor pagado de toda la liga inglesa; por supuesto, sus futuros compañeros quienes, desde la semana pasada, ya le hacían guiños en las redes sociales esperando su llegada; y, obviamente, los hinchas, multiplicados por todo el planeta, que se han vuelto locos con la presencia de su nuevo número “7”, ese dorsal de leyenda que ya usaron Best, Robson, Cantona, Beckham y Cristiano Ronaldo. Hoy es el turno en la historia de un chileno con ese siete en la espalda: del humilde Tocopilla, Alexis Sánchez.

Manchester United es un nombre propio dentro del mundo del fútbol. Un club con chapa de campeón y en la necesidad de reinventarse. Eso es lo que también busca Alexis. Para eso ha llegado al Teatro de los Sueños, como le llaman al estadio en el que ahora hará de local; para protagonizar sus sueños; y para creerse y vivir su propio cuento. Nosotros queremos leerlo. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 413 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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