Excitantemente humano

Se juegan los descuentos, el empate al local no le alcanza, la efervescencia empuja. El estadio de Anfield hierve contagiado por la actitud del equipo en el pasto, despertando el recuerdo de hazañas precedentes, esas que caminan abrazadas en el dialogo coloquial del hincha. La reacción de sentir el encuentro en cada uno de sus movimientos, cada expulsión de aire junto a una jugada, expresando en sonidos el destino de un partido de fútbol. La hinchada devorada por el instante, entrelazada en el ritmo cardiaco de la cancha.

Klopp lo juega desde afuera, activamente, agitado, escupiendo, moviéndose, disfrutando de la extinción del espacio ajeno. El técnico alemán está unido a su equipo, por ideas, pero principalmente por compromiso. Para él esto es mucho más que algo profesional, es su idioma, es su vicio. No parece ser momento para la prudencia; los jugadores avanzan, desconfiando de la calma, apostando a la intensidad. No es simplemente un resultado, es personal, y desde ahí el engranaje colectivo.

El sudor de la multitud, el sudor de los futbolistas, el sudor de Klopp; Liverpool transpira adrenalina, vibrantemente relacionados. El deseo inclina la cancha y organiza. Hay que apurar, el tiempo se extingue. El encuentro va tres iguales, la eliminación está a segundos. Liverpool necesita ganarlo para avanzar de fase, pero el rival es poderoso, Borussia Dortmund tiene una contra de manual, y por si fuera poco llegó a estar 1-3 arriba en pleno segundo tiempo. Sin embargo, el equipo del norte inglés no renunció, tuvo vergüenza, pone carácter y se rebela. Pase para Sturridge que recibe fuera del área, por el costado derecho; el moreno la pisa, se enreda, despierta la queja popular, pero el error da margen para el destape de Milner. Sturridge suelta el pase, el volante viene a la carrera, cortando el aire como puntero; no hay margen para una gambeta, ni para recovecos mimados, perfila el centro y lo saca al borde de la raya. El balón aéreo colapsa al presente, las miradas ahogan al viento, nadie está sentado. Un muchacho de rojo salta, se estira a todo lo alto, cabecea y el estadio estalla. Lovren lo sale gritando con desgarro, junto a todo el equipo que timbró la épica. La galería se mueve delatada por la emoción. Klopp se estremece, increíblemente no corre para todos lados como acostumbra, ni tampoco lo festeja de manera grandilocuente, sencillamente cierra el puño derecho, luego sus ojos. Alguien aparece y lo abraza, ahí es cuando grita por primera vez el gol.

El encuentro acaba 4-3 y Liverpool logra la clasificación. El partido será imborrable, los jugadores lo saben y no paran de festejar. Klopp está exultante, por el triunfo, pero principalmente porque ganó como le gusta, a pasión pura. La fanaticada comienza a cantar, aliviando de ese modo las emociones. El fútbol puede descansar, se lo merece, porque nos recordó dos cosas: que sigue siendo un juego, y que es excitantemente humano. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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