El penal de Salas en Wembley

Chilian striker Marcelo Salas scores his second goal from the penalty spot as Chile beat England 2-0, 11 February, in tonights friendly international, at Wembley Stadium. Chile won 2-0. Others are unidentified. (ELECTRONIC IMAGE)

Van 76 minutos, de a poco la presión alarga a un cuadro que hasta ahí ha sabido ser compacto. Desde el fondo sale un puntazo, este da rebote y surge un lateral. El Murci Rojas corre, se aviva y se la pasa al Candonga Carreño; el fajador no está para burocracia de tiki taka y de primera, girando, encuentra al Coto Sierra, que con el resto de aire que le queda, encara; el ’10’ trepa y no se hace problemas, ve que viene Salas buscando la diagonal y se la larga; sin demasiada convicción, Sierra ingresa al área a buscar el cabezazo, nunca ha sido lo suyo; Salas sabe que la mano no va con el centro, y se la come. Es que está bueno de tanto “toque, toque” que se escucha en los entrenamientos, ¡vamos, métale gambeta si sabe!

Salas se recuesta por el borde del área, lo presiona Campbell, que físicamente al lado del matador se ve imponente, pero el chileno le empieza a bailar; la zurda en el aire, la pelota allá abajo, mirada de poker, Campbell que ahora parece torpe; el capitán de 23 años retrocede, buscando el espacio, pero es una finta y de derecha vuelve, acelerando; el delantero parece caerse, pero se apoya con la mano, y sigue, tratándola con cariño, pegadita en la que se supone es su muda; Campbell está loco, ya no lo aguanta, no lo resiste, y saca la patada: ahora sí que el matador cae, es penal. ¡Pero qué jugada! El potrero le ganó al verso del biotipo, lo dejó en ridículo y él mismo Salas toma la pelota y la apoya en el punto del área.

Es 11 de febrero de 1998, la expectación que causa el equipo de don Nelson es brutal, se hizo presente durante todo el proceso eliminatorio, con el nacional reventando; y ahora también, porque aunque sea verano y horario de playa u oficina, la atención está puesta en la tele, porque la selección está jugando nada menos que en Wembley, la llamada catedral. El grito inmediato de ‘¡¡PENAAAAAL!!’ Se oye en casi todas las casas, para qué decir el coro de los bares.

En silencio Juan Carlos aprieta el puño, quiere gritarlo, pero ya hace un rato lo retaron: está al frente de un compac presario, mintiéndose en el excel, mientras desde unos audífonos negro de un walkman de pilas mascadas, el relator vibra las amagues del matador.

Un momento atrás Juan Carlos no se contuvo, explotó con euforia, sabiendo que fue un golazo, descubriéndolo con imágenes propias, aunque aún no tan bueno como realmente fue. Es que esa volea de Salas, esa volea… Todos se van acordar de esa volea, y del pase del Coto, pero tiene que ser eterna, y para eso hay que ganar el partido. Eso lo sabe Mauricio, quien ve el partido con el Bruno, dos peloteros de álbumes y pelota de plástico. Con los latidos acelerados, ambos esperan por la ejecución de la pena máxima; Mauricio está sentado en la alfombra, ‘porque estando ahí Chile juega bien’, dice casi en serio; Bruno se come un centella, pero criminalmente está perdonando la parte verde, es que está en otra: consumido por el fútbol, desconcertado con lo que ocurre, vivamente excitado.

Salas se para tranquilo, mientras los nervios mueven de un lado a otro al guatón Ramírez; lo mismo la señora Beatriz, que está al borde del colapso, pelando papas desde el living, recordando a su marido, que murió hace poco por un cáncer, antes de cumplir su sueño de ir al mundial; y en un pequeño departamento de Antofagasta, Bárbara rebota la pelota, confiada en lo que haga el crack de la Roja.

Van 78 minutos de juego, Chile lo ha hecho bien, como nunca ha sido valiente y quiere lograr un triunfo impropio para su registro. Salas lo sabe, y está feliz de tener la responsabilidad de mandar todo eso a la reconchadesumadre. Manos en la cintura, cuerpo ligeramente balanceado en la pierna derecha, en el semblante no hay dudas y la carrera lo confirma: clac, interno seguro, usando toda la técnica de su zurda; la redonda abraza el costado lateral de la malla y Salas sale festejando antes de que cruce la línea, y al unísono se escucha: ¡GOOOOOOOOOOOL! Juan Carlos que no se aguanta, grita y qué tanto; Mauricio se manda el brinco de su vida; Bruno tira a la chucha el centella; el guatón Ramírez se mira al espejo y se ve más flaco; a la señora Beatriz se le humedecen los ojos; y Bárbara se decide, a la mierda los prejuicios, ella quiere ser futbolista.

El pelao Acosta comienza a gritar, ‘¡Profeeee, profeeee, la horaaaa!’, y hace gestos con los brazos; se acuerda que está en Inglaterra, tiembla, y comienza a vender humo, ‘¡Di en! ¡Di en!, exclama con la voz gastada. Y Chile que está punto de ganar, plaza Italia que se va llenar, y la espectacular volea de José Marcelo que merecidamente será inmortal… y el penal de Salas en Wembley, que aseguró que todo esto pasara. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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