51 años de “Bam Bam”

“Bam Bam” le apodaron cuando partía en las canchas disparejas del norte, porque había que ponerle un sobrenombre, dijeron, y como sus monitos animados favoritos eran los Picapiedras, tate, la genialidad del periodismo. “Bam Bam” fue uno de los mejores cabeceadores que ha tenido el fútbol, porque quizás como dice la leyenda, a camote limpió aprendió con la testa en medio del desierto, y se despegaba del suelo como si estuviera en algún valle de la luna. Es que allá se le presentó la oportunidad, lejos de su barrio en Maipú y de los grandes clubes de la capital. Cobresal y Cobreandino fueron el comienzo de una carrera profesional sobresaliente; que inició con un primer sueldo de seis billetes de luca que usó para comprarse un buen blue jeans.

Del norte de Chile fue a Italia, al Bolognia, donde no vio un misero minuto y pasó inmediatamente al enigmático fútbol suizo. A Chamullo limpió con el idioma la rompió. Y luego fue al Sevilla, demostrando que una competencia más fuerte él no se achicaba. Eso, quizás, era lo mejor que tenía Zamorano: amor propio en la cancha, rebuscando y maximizando sus opciones. No se trataba de un dotado técnicamente, pero sabía adónde picar, definía con el instinto, y el hincha pelotas las corría todas, hay que subrayarlo.

Fue el gran capitán de nuestra Selección en los noventa, la pareja perfecta del gran Matador, y un tremendo referente abriendo los, hasta ahí, desconocidos terrenos europeos para los futbolistas nacionales. Pichichi en España, nada menos que con el Real Madrid, con épica incluida al maldito Valdano que tuvo a un país en ascuas, cuando el chileno iba a la cola de las opciones y estaba con casi todo el cuerpo colgando afuera del Bernabéu. Casi todo, pero con lo que quedó, probablemente los restos de su orgullo, se volcó en dar vuelta la situación desde el primer entrenamiento. Y lo hizo cargando con todo un pueblo a lapa, porque ver los partidos de “Bam Bam” se transformó en el viaje europeo del chileno corriente, y en ese panorama tan emocional que se llama fútbol. Terminaría siendo la bandera del campeonato conseguido a final de temporada, con gol suyo, obviamente.

Pasó por el Inter de Milán, en la gran época del Calcio; y al tener que cederle el 9 al Fenómeno Ronaldo, con picardía criolla, se tiró una talla y armó el 1+8. Un matemático. También fue campeón con el América de México y le cumplió a su padre fallecido el hecho de jugar en Colo Colo, el club de su cariño y de sus más fieles nostalgias.

Jugó un mundial, el de Francia 1998; lamentablemente, no convirtió ningún gol. Pero quienes lo vimos, lo sabemos: puta madre que metió huevos y dejó arriba la cinta. Igual estuvo en todas y al final, cuando el periplo se acababa, en los minutos de despedida, casi se lleva el grito en un último tiro libre que sacó con la punta de los dedos el viejo brasileño Taffarel. Igualmente, sin sus doce goles en aquellas inolvidables eliminatorias, claramente, a esa Copa no llegábamos. Dos años más tarde, para los Juegos Olímpicos del 2000, se sacó seis veces las ganas y se colgó la medalla de bronce.

Uno de los grandes de nuestro fútbol, que hoy cumple 51 años; Iván Luis Zamorano Zamora, “Bam Bam”. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 413 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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