Cuando Maradona fue Maradona

Pocos años atrás habían pasado de la guerra de la Malvinas; la sensación de despojo y rabia viva sobrepasaban cualquier intención de moderación. Sí, se trataba de un partido de fútbol, pero transmitía mucho más que eso: con mirada de revancha entró la albiceleste a la cancha.

El pueblo argentino no escindía los contextos, al contrario, los unía. Inglaterra, con ese perfil dominante y frío, acostumbrado e indiferente a pisar y seguir como si nada. La bofetada seguía caliente en la mejilla, mientras el pulso corría. La metáfora del gol como desahogo y disparar desde ese alivio la única venganza al alcance de la mano.

Diego Maradona, capitán y referente, ponía cara de asco durante la entonación del ‘God save the queen’. El número ’10’ absorbía el deseo de una nación completa: en él recaía la confianza de liberarse, al menos desde el sentimiento del fútbol -el lenguaje del andar diario del país trasandino-, la carga de la impotencia. Al jugador esto no le pesaba, lo nutría y pisó el césped del Estadio Azteca desafiante. Además su meta final era ser campeón del mundo y terminar ya de una buena vez con el discurso de Zico y Platini. Maradona se sabía el mejor pero requería de la Copa y fue por ella sin dudar. Si en el camino aparecía Inglaterra, el mito crecía.

El equipo inglés venía de menos a más. Era un rival de respeto, físicamente apto, con un juego relativamente claro y una estrategia inmediata: limpiar al ’10’ rival cada vez que tomara el balón. El primer tiempo, sin embargo, dejaba claro que a Maradona estaba encendido: de primera, taquito o al espacio. Y obviamente, mucho en el suelo. Inglaterra avanzaba en dos a tres movimientos, usando el pelotazo, sí, pero también sorprendiendo por abajo. Era un partido parejo. Seguía siendo un juego, aunque en atmosfera tensa, sin risitas ni fair play; Testosterona reivindicativa.

50 minutos y Diego ataca y hace un ‘flipper’ por el medio, la pelota vuela tras un mal despeje en plena área inglesa. El portero Shilton sale raudo, se eleva con la prestancia de una jugada que entiende no reviste problemas, que tantas a veces ha dominado…pero no llega. El petizo volante, que persiguió el trayecto de la jugada, increíblemente, se estiró más de lo permitido. Un puñetazo con la izquierda y a la malla. Maradona salió a gritarlo; Shilton directo al juez del encuentro, sin poder creerlo, señalándole que hubo mano. Se le llamaría, ‘La mano de dios’. El escozor planetario fue inmediato, pero las cuentas pendientes son bilaterales. Y el sueño de Diego era humano, con todo el vicio que ello acarrea. Celebró con pica, ocultándose entre los abrazos de sus compañeros.

No obstante, 4 minutos después, el mismo jugador mostraría la existencia de los contrastes. Pisada con giro desde el medio del campo y comenzó a avanzar, y avanzó, y avanzó, sin detenerse, con la redonda pegadita, los ingleses quedando atrás, junto al viento que los detenía, mientras a Maradona lo impulsaba. Esta vez dejó a Shilton gambeteado en el suelo y humillaba con un ‘jugadón’. El potrero en segundos. Se cayó mientras definía, junto a la gravedad que le dio barrio y ripio poético. Golazo. Brillante. 2-0. Celebró con la cabeza levantada, lleno de risa, esta vez con el puño derecho levantado.

El partido terminó 2-1 (descuento de Lineker a 10 minutos del final). Argentina se tomaba la más dulce y la mas necesaria de las revanchas, recobrando orgullo… a través del fútbol, confirmando al ídolo.

Maradona no es un tipo coherente, basta ver un poco de su discurso que se atora en el pueblo junto al grotesco caviar de la buena vida. Maradona no es un ejemplo, es simplemente un jugador de fútbol, uno de época, viciosamente humano, necesariamente imperfecto. Y ese día, durante una tarde de fútbol, registró la historia a través de la pelota. Con la trampa y la magia. La calle y el talento. Maradona en estado vivo, en estado puro, en estado fútbol. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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